‘A little life’ de Hanya Yanagihara

Xavier Dolan en su maravillosa película Lawrence anyways compara la necesidad de Lawrence por acabar con vida como hombre con ese impulso que sentimos al permanecer sumergidos y acabársenos el oxígeno: el impulso a la superficie, hacia la vida, es una necesidad. Todos lo hemos experimentado y el director lo sabe. No necesita dar explicaciones y la idea queda clara. Se acaba de ahorrar media hora de film. Hanya hace algo similar para explicar los pensamientos suicidas de Jude, comparando los recuerdos con un montón de hienas que lo persiguen mientras él logra ver, al fondo de esta ¿alucinación? una salida, el fin de su vida. Si no fuera porque esto es nos explica una y otra vez, el recurso tendría un efecto tan preciso como en la película de Dolan, sin embargo, y aquí se encuentra uno de mis principales problemas con este libro, Hanya abusa de la redundancia para crear la máxima tensión emocional en el libro, recordándonos una y otra lo triste que es la historia.

But it's more like Life in the vivid dream #bookstagram #alittlelife #lanadelrey #currentlyreading

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No voy a mentir, la historia sí es triste.  Deliberadamente. La escritora no escatima en tragedias a lo largo del libro. Conocemos a Jude, JB, Malcolm y Wilem, cuatro amigos cuyas vidas, a partir de sus años en College, se unirán para siempre.  Asistiremos a desilusiones profesionales y amorosas, triunfos y derrotas de jóvenes que no resolvieron las preguntas fundamentales que aquejan en esos años , dando la impresión, al comienzo del libro, que el sentido de la historia es trabajar la siguiente idea: qué sucede cuando, acabada la etapa en que se supone tienes la libertad de hacerlo, no resuelves quién eres, no descubres tu identidad. Pero inmediatamente nos damos cuenta de que algo no anda bien. Vemos en las respuestas evasivas de Jude, en secretos tan implícitos en su forma de ser que resultan explícitos para el lector, que algo lo atormenta. Hanya compone personajes que, aunque definidos, no resultan arquetípicos ni esquemáticos; sus historias y personalidades fluyen con naturalidad. Así que no profundizaré en la composición del resto de los personajes porque es notable: tal y como quiere Hanya, me centraré en Jude, el evidente protagonista de esta historia.

Algo terrible, impronunciable y devastador le ocurrió en algún momento de sus años antes de llegar al College. Eso queda claro desde el primer momento, sin embargo, los detalles son entregados lentamente durante la historia. Y aunque esta novela se sustenta en el desarrollo de los personajes más que en la progresión de la trama, me pareció que el esfuerzo de Hanya por mantener en secreto el secreto de Jude es contraproducente, pues cuando comenzamos a encontrar las piezas restantes del rompecabezas entre las evasivas de Jude, bajo su ropa o en su forma de relacionarse con y en el mundo, el lector ya sabe cuál es la imagen que está intentando armar. Pero al comienzo del libro esto no es particularmente negativo, considerando que la autora se permite cerca de 100 páginas para hacernos creer que tras décadas, ninguno de los amigos de Jude sintió ni un ápice de humana curiosidad por saber los detalles del pasado de Jude, limitándose a aceptarlo como un individuo reservado, respetando su privacidad. Está bien. Pacto de verosimilitud cerrado. Creo en lo que me cuentas, Hanya, sigamos adelante. Según parece, aquello terrible, impronunciable y devastador volverá a presentarse, una y otra vez, bajo nuevos disfraces, sin que nadie acabe de notarlo en realidad.

La seguidilla de calamidades no acaba nunca, literalmente. Ese es otro punto que deseo comentar: a ratos, la historia progresaba de formas tan obviamente horribles y devastadoras que acababa por considerarla como demasiado triste para ser triste. Desde golpes de efecto como el uso el título en impactantes circunstancias hasta la certeza, explicitada por el narrador, de que la vida de Jude no hará más que empeorar, A little life se lee como un melodrama estilizado, en el que tragedias y pequeñas y cotidianas alegrías salpican un cuadro de absorbente oscuridad. Pero en el fondo se lee una historia de esperanza y resiliencia, de amor y amistad en el hostil entorno que es la vida, que obliga a estos personajes a forzar los límites naturales de la resistencia humana. La novela tiene momentos de conmovedora belleza, pues la vida de Jude, así como marcada por grotescos individuos, le permitió conocer, quizá sin darse cuenta, el poder que el amor incondicional puede manifestarse en vínculos familiares, de amistad y relaciones románticas.

La memoria es el mayor tirano que ha visto la historia, parece decirnos Hanya en esta novela. Es imposible no encontrarle la razón una vez acabado el libro. Intensas, dramáticas y conmovedoras, las más de 700 páginas de esta novela probaron ser lo que prometieron durante el año pasado:  una de las historias más desgarradoras del panorama literario actual.

2015 en libros

Si me siguen en Twitter, seguramente se habrán encontrado con un banal y evitable spam continuo sobre lo poco que había leído durante el año, sobre los muchos libros abandonados y la apatía lectora general que me mantuvo durante meses leyendo pocas páginas semanales. Puedo elaborar excusas más o menos creíbles, comentando mi primer año universitario como el principal argumento para hacerlas medianamente verosímiles. Pero no es el punto de esta entrada. Hoy, de forma concisa y, espero, certera, pretendo resumir mi año lector, organizándome en torno al formato más sencillo y popular de Internet: un top 5 de lecturas.

collage decepciones libros

Algunos libros que no lograron ingresar al top, ya sea por ser intrascendentes y contemporáneamente empalagosos como Lolito, de Ben Brooks; honestamente decepcionantes, como Bestiario de Julio Cortázar; o excesivamente sobrevalorados, como Seda de Alessandro Bariccio. Y en esta novela me quiero detener brevemente: meses después de haber tratado esta historia en una asignatura, centrada (y llamada) Narratividad de la ficción, sigo sin poder encontrar lo relevante y revolucionario en un libro que, si bien cuenta una linda historia que engancha con temas tan universales como el emprendimiento, el encuentro entre culturas y la traición amorosa, no presenta innovaciones en la prosa, la forma de hilvanar la trama o los personajes. Creo que es un libro despreciable cuya existencia no cambia mucho el panorama actual de la novela contemporánea, y no lo recomiendo sino como una breve lectura que puedes leer en un viaje en tren cuando GoodReads te anuncia que vas 8 libros detrás de lo planificado.

menciones destacables libros

Pero no todos los libros que quedaron fuera de la lista son malos. Algunos estuvieron a punto de ingresar, como El mapa y el territorio de Michel Houllebecq, novela sobre el arte con incursiones al ámbito metaliterario y policial, en el que aborda también sus temas favoritos: la sexualidad actual y el deterioro (a falta de una palabra mejor) de la moral y el pensamiento occidental; Sweet Tooth de Ian McEwan, una historia de espías y literatura durante la Guerra Fría, cuya intención metaficcional final me sigue persiguiendo; o La bofetada de Christios Tsiolkas, actual, ácida y brutalmente honesta, una novela coral que seguramente cuenta con el conjunto de personajes más variados, divertidos y odiablemente humanos que conocí este año.

Siendo estas últimas tres novelas increíbles, hay otras cinco que deseo destacar aún más. A continuación, mis mejores lecturas del año pasado.

Sobre The secret history hablé en su debido tiempo: un fantástico thriller psicológico contado en reversa, cargado de referencias a la cultura clásica y construido sobre sólidos personajes que deciden entregarse a un acto dionisíaco que acaba en tragedia. Brillantemente ejecutado por una notable prosista (algunos ejemplos en la reseña que escribí), esta novela no solo satisface el afán lector del mejor de los page turners, sino que puede ser disfrutada por los más exigentes lectores de ficción literaria.

De la siguiente novela no soy capaz de hablar sino con cierta torpeza. Sobre Mientras agonizo se han escrito tesis doctorales y textos completos, encontrando siempre nuevas dimensiones que destacar de esta intensa historia, centrada en la travesía de los Bundren, cargados con el ataúd de su madre en dirección al entierro que ella deseaba recibir. No solo impacta la fuerza filosófica de la prosa de Faulkner, acomodada a la sucesión de monólogos interiores que conforman este relato, sino la articulación de la trama que nos permite enterarnos de lo que sucedí en la familia antes de la tragedia, y cómo aquello que ahora optan por callar acaba por determinar su futuro.

Houellebecq vuelve a mi lista de mejores lecturas tras la brillante Ampliación del campo de batalla que tanto me impresionó el año pasado.  En Las partículas elementales, la demoledora historia de un biólogo molecular que ha optado por una vida ajena a la sexualidad y su hermano, un misógino profesor de literatura, se tuerce hasta alcanzar dimensiones futuristas. Muchas cosas se le pueden criticar a este autor: desde la forma en que se refiere a sus siempre similares personajes femeninos hasta la forma en que introduce el discurso expositivo en sus novelas, dando a veces la impresión de recitar crudos pasajes de Wikipedia; pero la intensidad y el pesimismo con el que arremete en contra de Occidente, empleando siempre una prosa cruda y extrañamente lírica, me maravillan en cada novela. Hasta cierto punto, podría afirmar que Houellebecq es mi Bukowski.

Diametralmente opuesto a Houellebecq está Jonathan Franzen, cuya última novela, Purity, ingresó a esta lista casi tan pronto como comenzó su lectura. Si me preguntaran quién es mi novelista vivo favorito seguramente diría, tras titubear y relegar a otros autores, quizá superiores, a un olvido momentáneo, Franzen. En Purity despliega su magnífica prosa en una historia que sorprende en cada capítulo (al estilo de los grandes clásicos del siglo diecinueve) con una trama elaborada y de contemporánea agudeza moral. Podría contarles sobre la trama y los temas principales que abarca, pero puesto que ya comenté algunas cosas sobre Purity en GoodReads me limitaré a indicarles un link.

Finalmente, concluyendo esta entrada, la mejor novela que leí el año pasado, una monstruosa y obsesiva creación literaria que indudablemente etiquetaría como una de las obras maestras de la literatura chilena: El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso. Excesiva en todos los niveles posibles, aquí se funden voces narrativas y narradores, hilos temáticos, sueños y grotesca vigilia, situando este enredo de imposible belleza en un convento pronto a ser demolido, cuya historia se escribe continuamente y se revela entre mitos y leyendas. El Mudito, uno de los narradores evidentes de este relato, nos cuenta los sórdidos vínculos familiares que acercaron esta casona a la Iglesia, y las artimañas que él y las viejas regentas planean para conservarla, incluyendo la ayuda de magia negra, chantaje y conspiraciones. A grandes rasgos, esa es la historia principal de esta novela, o la más radicalmente real. El resto es una continua inmersión en un mundo caótico y opresivo, grotesco y decrépito en sus pasajes más luminosos, y clarividentemente incomprensibles en sus partes más memorables. Abiertamente experimental y obsesiva,  simbólica y compleja, El obsceno pájaro de la noche es el tipo de novela que ofrece no solo múltiples lecturas sino que además invita a continuas relecturas. Pretendo visitar la Casa de la encarnación de la Chimba nuevamente este año, mientras continúo mi exploración del gran narrador de Chile.

Acabo en febrero el repaso de mis lecturas del año pasado. Hay cosas que nunca cambian, ¿no? Cuéntenme si han leído alguno de estos libros, o si dentro de sus lecturas del 2015 hay novelas tan destacables que merecen y necesitan ser recomendadas sin cesar. Y háblenme también de sus decepciones lectoras del año pasado. A veces, la mejor recomendación que podemos recibir es no acercarnos a ciertos bodrios.

‘The secret history’ de Donna Tartt

Uno de los méritos más importantes de The secret history es, a mi parecer, el desafío a los límites impuestos por muchos críticos para la ficción de género. Pese a que conocemos el crimen y a los asesinos en el prólogo, Donna Tartt apuesta por mantener el tono de relato de misterio a lo largo de una narración que, por momentos, se lee como una novela de campus o una incursión psicológica a la mente de personajes que, a priori, podrían parecer vacuos e irrelevantes. La prosa, por otro lado, no se limita a estos registros. Visuales y evocadoras, las descripciones de Tartt destacan ya sea que se enfoquen en el entorno del Hampden College, la institución en donde transcurre esta historia, o los conflictos que aquejan a los protagonistas. The secret history, de destacable riqueza, supone un debut impresionante para una escritora prolífica y joven que con solo tres novelas ya ha obtenido el favor de la crítica y el cariño y devoción de millones de lectores.

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When Richard Papen arrives at Hampden College in New England, he is quickly seduced by the rhythms of campus life- and in particular by an elite group of five students, Greek scholars, worldly, self-assured, and, ar first glance, highly unapproachable. Yet as Richard is accepted and drawn into their inner circle, he learns a terrifying secret that binds them to one another: a secret about and incident in the woods in the dead of a night when an ancient rite was brought to life. 

No es difícil explicar por qué Richard se siente inmediatamente atraído por el grupo conformado por Henry, Camilla, Charles, Bunny y Francis. La estabilidad de este grupo de jóvenes intelectuales dedicados a los estudios clásicos solo es opacada por el brillo de su riqueza y seguridad, todo lo contrario a lo que Richard, aún intentando descubrir qué quiere hacer con su vida, vivió con sus padres en una humilde casa en Plano. La belleza del conocimiento sobre la lengua y cultura griega, en una amalgama con la prosa que parece nutrirse de referencias y seducción cultural, arrastra a los personajes hacia algo que, como lectores, nos parece inevitable: el descontrol y la tragedia.

After all, the appeal to stop being, even for a little while, is very great, he said. “To scape the cognitive mode of experience, to transcend the accident of one’s moment of being.

¿Por qué deciden matar a Bunny? Esta es una de las preguntas que se intentan responder a lo largo de libro. El impulso juvenil, la falta de perspectiva que gobierna a estos personajes, parece contrastar con la mecánica frialdad con la que planean las coartadas después del crimen. Tan absortos se encuentran en este mundo que han logrado mantener a su alrededor, como se evidencia en el tratamiento de Tartt hacia Henry, la mente tras muchos de los planes de estos jóvenes, un estudiante capaz de traducir el alma de un texto griego y comentar milenios de historia antigua pero que, sin embargo, no sabía que el hombre había llegado a la Luna en el 69, que la violencia de la investigación o la irrupción de la prensa parecen desestabilizar la trama que han intentado urdir. La inocencia de Richard, en paralelo, resalta esta situación gracias a un interesante contraste.

“We don’t like to admit it,” said Julian, “but the idea of losing control is one that fascinates controlled people such as ourselves more than almost anything. All truly civilized people -the ancient no less than us- have civilized themselves through the willful repression of the old, animal self.”

Ya mencionaba que la novela juega con múltiples géneros, sin embargo, si tuviera que clasificarla, pese a que se lee con el apremio de un thriller y, básicamente, involucra un crimen, diría que se destaca en el estante de la ficción literaria, principalmente por la riqueza con la que Tartt desarrolla la historia. Su prosa es hermosa, la caracterización de los personajes es notable, y está controlada a lo largo de toda la novela para ofrecer contexto y profundidad para cada uno de los protagonistas. ¿Por qué limitarla a la ficción de género, obviando sus evidentes méritos literarios? Y aún más importante: ¿Por qué desconocer el mérito de muchas novelas enmarcadas en la ficción de género?

Hampden College, as a body, was always strangely prone to hysteria. Whether from isolation, malice, or simple boredom, people there were far more credulous and excitable than educated people are generally believe to be, and this hermetic, overheated atmosphere made it a thriving black petri dish of melodrama and distortion.

Es imposible no dejarse arrastrar por la historia, aunque a veces se sucedan múltiples coincidencias y azarosas situaciones favorables. En el mundo de Tartt, todo resulta plausible. Mantener el suspenso en una novela de misterio cuya incógnita se revela en el prólogo, y que muta de registro continuamente y con elegancia, resulta natural en Donna Tartt. Ya tengo ganas de leer el resto de su bibliografía que, para bien o para mal, solo se limita a tres novelas. En una entrevista, aseguró que se sentiría realizada escribiendo 5 libros. Si estas cinco novelas resultan tan destacables como The secret history, es posible que su nombre se inscriba en la selecta lista de autores que aunaron la ficción literaria con el entretenimiento de masas.

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Man Booker Prize 2015

El reencuentro del Comité de libros chungos solo podía acabar en una cosa: una lectura conjunta extravagante y de descarada ambición. Ya había sucedido con El arco iris de la gravedad y The luminaries, y hoy, siguiendo la línea de esta última novela, acordamos leer la long list del Man Booker Prize de este año. ¿Los motivos? Además de una esquizofrenia lectora y la incapacidad patológica a decir que no frente a desafíos lectores, está la tentativa de proponer al ganador de este importante premio. ¿Acertaremos con nuestras predicciones?

Los invito desde ya a sumarse a alguna de nuestras lecturas. A continuación, los libros que leeremos cada uno de nosotros.

Sara, de El papel amarillo 

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Alex, de Novelas y otras historias

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Sub_zero, de Generación Reader

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Pablo, de Blog del lector empedernido

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Para más información sobre el Man Booker Prize de este año, haz clic aquí.

Pueden seguir el progreso de la lectura usando el muy-acertado-hashtag .

¿Nos acompañan en nuestra épica empresa?

Un semestre de pocas lecturas

Yo solía leer. Hace un par de años leía y comentaba diariamente, me quejaba sobre los libros que no me gustaban y recomendaba encarecidamente aquellos que disfrutaba. Solía escribir aquí, respondía comentarios y de vez en cuando me contactaban editoriales. Era divertido, liberador, me permitía compartir sobre aquello que más disfrutaba. Lentamente, no obstante, dejé de seguir a otras páginas, un alto y homogéneo porcentaje de blogs cuya estética y temática resultaba repetitiva. Twitter me bastaba para enterarme de la opinión de las personas que me interesaban, y me permitía expresarme someramente. Hay veces en las que no hay mucho que comentar sobre una lectura, por mucho que nos guste, y si decidimos extendernos en una reseña las palabras salen atropelladamente, con un patrón que cambia entre el comentario pseudointelectual y la crítica jovial de un lector ameno pero culto. Comencé a preferir GoodReads, a escribir reseñas cada vez más breves y concisas, hasta que eventualmente me limité a 140 caracteres. Mi ritmo de lectura, paralelamente, se reducía hasta la inexistencia.

Imposible no recordar esta gloriosa escena.

Imposible no recordar esta gloriosa escena.

Tras las pruebas de ingreso a la Universidad (PSU, en mi país) pensé que aprovecharía de leer todo lo que no había podido durante el último mes en que preparé conscientemente los exámenes. La expectación casi patológica solo me permitió acarrear El arco iris de la gravedad, leyendo párrafos sin retener realmente lo que estaba sucediendo, hasta que se revelaron los resultados y formalicé mi matrícula. Leí tres libros antes de comenzar las clases. En retrospectiva, creo que debería haber aprovechado mejor el tiempo. Lógico, siempre pensamos eso cuando pensamos en lo que hicimos. Todo es corregible, todo podría haberse hecho de otra forma, todo podría haber sido mejor. Pero leí buenos libros, que comentaré más adelante.

Durante el semestre la escasez de literatura fue radical. Comencé y abandoné (nuevamente) Los detectives salvajes, dejé sin terminar un libro de Roth y uno de cuentos de Donoso, me detuve en medio de The secret history y leí 800 páginas de oscilante acción en Danza de dragones. Ahora, en vacaciones de invierno, pretendo terminar esos libros. Los estaba disfrutando, pero no me encontraba en el estado mental para terminarlos. Absorto en la vida académica universitaria, ordenando mis horarios y aprendiendo a hacer un espacio en mi día para todo lo que quería hacer, aparté la lectura literaria hasta que me hubiese estabilizado. Ahora, al terminar exitosamente mi primer semestre en Bioquímica, creo que podré organizarme mejor en los próximos meses. Quiero leer. Veo el estante de pendientes y quiero pasar por todos ellos. Quiero pensar en la prosa de Pynchon mientras memorizo el nombre de ciertas enzimas notables.

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Les decía que pude leer pocos, pero buenos libros este semestre. Comenzando por La naranja mecánica, de Anthony Burgess, una novela lingüísticamente extravagante y demoledora. Sin haber visto la adaptación de Kubrick, conocía más o menos las líneas generales de la historia, un clásico contemporáneo tanto en el cine como en la literatura: la historia de Alex y sus camaradas drugos, sus andanzas ultraviolentas en una sociedad corrompida por la sordidez moral. Narrada con una mezcla de palabras coloquiales y nadsat, dialecto inventado por el autor, la novela se lee con frenesí e impacto. Eso es lo que más rescato del libro: la brutalidad de la historia impacta por su trascendencia y estilo. La visión de Burguess respecto a la madurez me ha interesado particularmente, y creo que conocer este libro en la juventud puede resultar en una experiencia provechosa.

Diametralmente opuesta a La naranja mecánica se encuentra la primera publicación literaria de Lena Dunham, directora, guionista y protagonista de la serie Girls, absolutamente recomendable, por cierto. En Not that kind of girl, Lena nos presenta múltiples ensayos personales escritos con un estilo fresco y simpático, abarcando los temas que ya había presentado en Girls desde la misma perspectiva. La voz de alguien que se ha aceptado y conocido a sí mismo tras intensas sesiones de terapia nos habla sobre el cuerpo y las dietas, las relaciones y el amor, aderezando el texto con anécdotas y referencias culturales. Divertido y honesto, también recomiendo este libro.

Si Lena Dunham es la amiga con la que todos querríamos compartir unos tragos, Houellebecq es el viejo demoledoramente deprimido y sabio al que desearías escuchar para soportar y aprender de sus tétricos comentarios sobre el estado de la sociedad occidental. Me encantó Ampliación del campo de batalla, me gustó aún más Las partículas elementales, una historia perturbadora en la que la sexualidad y el origen de su despertar contemporáneo, la física de partículas, la interdisciplinariedad de las ciencias y la vida de dos hermanos, Michel, biólogo molecular alejado completamente de la actividad carnal, y Bruno, un profesor de literatura misógino y racista, componen una visión trágica de la decadencia occidental y el alzamiento de una nueva era.

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Bestiario, una entretenida colección de cuentos de Julio Cortazar, cumple con presentar piezas interesantes y, en general, emocionantes de leer. Aquí se explican las referencias de muchos hipsters de Twitter: el vómito de conejos blancos o la casa tomada. Si bien me gustó, creo que no es tan impresionante y pirotécnico como Todos los fuegos al fuego. No es mucho lo que puedo comentar: la calidad de los textos de Cortázar es por todos conocida.

The fifth child, seguramente la novella más famosa de Doris Lessing, resultó ser una emocionante y rápida lectura de interesantes implicaciones sociales. El monstruoso quinto hijo gestado durante el idílico matrimonio de Harriett y David Lovatt los obliga a replantearse su situación de padres en una sociedad fríamente oscura, que contrasta con la violencia que encarna su hijo. Pese a que esperaba más de esta novela, me pareció un notable acercamiento a la obra de Lessing, por lo impresionante de su contenido y la brevedad con que está planteada.

Lolita, de Vladimir Nabokov, es una de las obras más magníficas jamás escritas; Lolito, no. Aunque goza de una actualidad tremenda y aborda, de forma muy superficial, por lo demás, y aunque quizá esa haya sido la intención del autor, no creo justifique la simplicidad del texto, los dilemas y problemas de nuestra joven generación, por ningún motivo logrará convertirse en un clásico. Etgar, un chico de quince años que pasa sus días entre exploraciones sexuales, drogas y referencias indies, conoce en un chat sexual a una mujer, Macy, con quien entabla una relación. El juego de identidades virtuales y reales, y los problemas generados en ambos mundos, sirve excusa para intentar componer el retrato de una generación, un objetivo ambicioso que no se logra concretar. Al menos es amena y rápida de leer. Gracias, Ben.

La última novela que logré terminar durante el semestre es Lunar Park, de Bret Easton Ellis, la mente detrás de American Psycho, una de mis mejores lecturas del año pasado. Aquí nos encontramos ante un texto abiertamente polémico, el intento del autor por jugar con su biografía y presentarse bajo capas y capas de ficción, contando una historia familiar, los acontecimientos ocurridos en su disfuncional familia luego de que los personajes de sus novelas se abrieran camino hasta nuestro mundo. Sin misericordia, el autor describe la degenerada vida de los suburbios, el diálogo de niños atragantados en Xanax y las consecuencias de su meteórica fama como joven novelista. Con una atmósfera sobrenatural que recuerda a los mejores libros de Stephen King, Easton Ellis repasa, como en American Psycho, la sociedad norteaméricana en todo su cínico y plástico esplendor. Más moderada que sus anteriores trabajos, pero quizá más controlada, Lunar Park ofrece momentos emotivos y demoledores, combinando escenas de irónica vida familiar y alocada juventud, con las reflexiones que solo Bret parece capaz de hacer.

Finalmente les comento que veinticuatro horas atrás terminé El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso, pero esa novela necesita de una entrada individual para poder presentarla junto a todos los adjetivos que logre convocar. Una novela monumental de lectura obligatoria, sin duda.

Y ustedes, ¿han logrado leer lo que esperaban en esta primera mitad del año?