‘Sábado’ de Ian McEwan

Henry Perowne, el neurocirujano que protagoniza esta novela, no le otorga un valor especial a la literatura. “Y aún le interesa menos que le reinventen el mundo; quiere que se lo expliquen”, nos cuenta el narrador al comienzo del libro. Y parece una actitud adaptada también por el autor: lejos de los fantásticos vuelcos con que suele subvertir la estructura de sus novelas y las historias que cuentan (pensemos en Expiación u Operación Dulce, por ejemplo), Sábado resulta menos trepidante, evidentemente más reflexiva. Gran parte de la novela es una meditación sobre Gran Bretaña en los años posteriores al 11-S. La amenaza terrorista, que oscila entre lo abstracto y lo material; una multitudinaria manifestación en contra de la guerra de Irak; y la constante disyuntiva de las potencias mundiales entre el intervencionismo y un mediáticamente llamado aislacionismo conforman el escenario cultural por el cual transcurre la novela, en una única jornada, un Sábado que cambiará para siempre la vida de los personajes.

Una foto publicada por Pablo Guzmán (@pabloguzman13) el 7 de Feb de 2017 a la(s) 8:49 PST

 

La novela comienza con una visión apocalíptica, en la madrugada de un sábado. Henry observa, desde su ventana, un accidente aéreo. ¿Un ataque terrorista, quizá? Es un acontecimiento que lentamente se infiltra en la mente de Henry. Lo descoloca, de alguna forma; pero no inmediatamente: el día se anuncia lleno de actividades y su vida familiar aguantará, robusta, el comienzo de la jornada. El lector inmediatamente sintoniza con el punto de vista del protagonista: es un profesional de clase media alta, cuyas opiniones, por lo general liberales, encierran un conservadurismo bastante internalizado. El día sábado parece ser icónico de esta clase media liberal que analiza el autor, con sus esquemas de descanso naturalizados y sus presunciones de vida familiar. Henry personifica esto completamente, expresándolo en su forma de entender el mundo. “Hay gente bien conectada y organizada a la que le gustaría, para marcarse un tanto, matarle a él, a su familia y amigos”, opina. Una manera un tanto sesgada de considerar el asunto del terrorismo.

Pero McEwan es un escritor de múltiples recursos, y es poco probable que el protagonista se de conocer a sí mismo a partir de monólogos encadenados con gusto a columnas de opinión. Es una escena la que ofrece una caracterización bastante certera de un protagonista que, luego de haber presenciado por casualidad una catástrofe, parece desarrollar una consciencia de sí mismo que accede cada vez a niveles más introspectivos. Henry, en medio de una histórica manifestación popular en contra de la guerra de Irak, que deliberadamente intenta evitar, choca su auto. Y aunque su vehículo no resulta mayormente dañado, los ocupantes del otro auto no dejarán pasar el asunto. Henry se ve enfrentado a la delincuencia común, una amenaza más cotidiana y terrenal que sus divagaciones sobre el terrorismo. Hay tensión y rabia entre los involucrados, además de una sensación de honor herido. Y pese a que la escena termina en una parodia de un mal episodio de House MD diagnosticando a sus pacientes sin que ellos se enteren (un recurso que luego será aprovechado por el autor como un mecanismo que hará avanzar la historia hacia su conclusión), el momento captura notablemente a un Henry que, tras la impresión de haber visto al avión incendiándose, se ve enfrentado a una impresión más concreta que parecerá afectarlo de forma más terrenal.

Es este el personaje que conduce la carga reflexiva de la novela. Su voz seria, que por momentos parece encarnar todos los estereotipos del médico que ve su persona indistinguible de su profesión, también permite la irrupción de irónicos comentarios: “El mundo entero se asemejaba a la habitación de Theo. Se necesita de una especie de adultos extraterrestres que arreglen el desorden general y luego acuesten temprano a todo el mundo”. El narrador salpica la novela de alusiones a neurotransmisores, mecanismos moleculares subyacentes a las emociones del protagonistas y terminología médica, lo que podría llegar a resultar cansino para ciertos lectores. Y aunque en ocasiones se sienta innecesario, en general refuerzan la verosimilitud del punto de vista adoptado durante la novela.

El día prosigue, gravitando hacia la cena que oficiarán los Perowne **, con el quizá no tan implícito fin de reconciliar a su hija (su opuesto en cuanto a opiniones políticas y valorización del arte y la cultura) con su abuelo, un poeta laureado cuya actitud, empeorada por el alcohol, ocasionó la ruptura familiar que Henry pretende arreglar. Esta reconciliación de la familia, unidad fundamental de la sociedad para Henry, potencialmente podría reestablecer el orden de este estructurado mundo urbano cuya estabilidad social y cultural el protagonista ha visto perturbado.

La forma en que estos cambios son percibidos por las personas también parece ser una preocupación del autor.

 “Perowne cambia de postura para no ver la pantalla. ¿No es posible disfrutar de una hora sin esta invasión, esta infección del ámbito público? (…) Tiene derecho, de vez en cuando, como todo el mundo, a que no le perturben los sucesos del mundo, ni siquiera lo que ocurre en la calle. Mientras se sosiega en el vestuario, le parece que olvidar, eliminar un universo entero de fenómenos públicos como objeto de concentrarse en otra cosa constituye una libertad fundamental. LA libertad de pensamiento”.

Y el efecto que la comunicación de estas perturbaciones tiene en la gente también:

“Es una característica de los tiempos, esta compulsión de saber cómo está el mundo y de sumarse a la generalidad, a una inquietud comunitaria. (…) Todo el mundo le teme [a un ataque terrorista], pero también hay un anhelo más oscuro en la mente colectiva, una repugnancia al autoflagelo y una curiosidad blasfema. (…) Más grande y más brutal la próxima vez. Por favor, que no suceda. Pero déjame verlo de todos modos, como está sucediendo y de todos los ángulos, o que yo sea de los primeros en hacerlo”

Hay una superficialidad casi obscena en esta forma de ser parte del contexto nacional, como si se viera estando en un plano diferente. Henry opina, porque se informa, consciente de la perversión compulsiva con la que se presentan las tragedias en los medios. Parece haber un círculo vicioso que lo lleva a opinar desde un sesgo que lo impulsa a actuar (o a no hacerlo), pero que lo devuelve a aquello anterior a la opinión. Hacia el final de la novela hay una reflexión que encierra gran parte del pesimismo y la hipocresía del asunto:

“Qué lujo esto de arreglar el mundo en la cocina de casa, las iniciativas geopolíticas y la estrategia militar, y no tener que dar explicaciones a los votantes ni a periódicos ni a amigos ni a la historia”.

Sin embargo, esto no debe leerse como una crítica peyorativa del diálogo cotidiano, sino como una reflexión sobre la forma en la que el contexto político-internacional se infiltra en la realidad cotidiana de una clase media liberal que ha desarrollado patrones de acción y discusión. Y si esta posición en la que se encuentra es una consecuencia de este modelo en el cual potencias mundiales discuten y se reparten los destinos del mundo o es una tuerca necesaria para que dicho modelo continúe en movimiento, quizá no es objetivo de la novela responderlo. Pero da la impresión de que es una reflexión que McEwan quiere permitirle al lector.

 Si bien Sábado no es de los mejores trabajos del autor, es puro McEwan. Hay una tensión, incluso bajo la superficie de las partes más reflexivas de la novela, que obliga a leer con interés y emoción la forma en que se desenvuelve la historia. Aquí la trama, que avanza con lentitud, puede parecer sencilla, pero es un dispositivo finamente estructurado que permite el discurrir fluido de una reflexión exhaustiva sobre nuestros días. McEwan es un narrador fantástico. Desde la sugerente visión del avión en llamas al vuelco dramático al final de la novela (un recurso recurrente en sus historias), Sábado se lee con una avidez inusitada para lo que puede parecer: una crónica de un día en la vida un hombre común que ve cómo los conflictos políticos y sociales se infiltran en la inmediatez de su realidad cotidiana.

3.5 / 5

**¿Podrían haber paralelismos entre Sábado y La señora Dalloway, de Virgnia Woolf? Es difícil establecerlo. La importancia de la celebración como culmine de la jornada y las opiniones del protagonista sobre la realidad nacional de época podrían ser argumentos a favor.

‘A little life’ de Hanya Yanagihara

Xavier Dolan en su maravillosa película Lawrence anyways compara la necesidad de Lawrence por acabar con vida como hombre con ese impulso que sentimos al permanecer sumergidos y acabársenos el oxígeno: el impulso a la superficie, hacia la vida, es una necesidad. Todos lo hemos experimentado y el director lo sabe. No necesita dar explicaciones y la idea queda clara. Se acaba de ahorrar media hora de film. Hanya hace algo similar para explicar los pensamientos suicidas de Jude, comparando los recuerdos con un montón de hienas que lo persiguen mientras él logra ver, al fondo de esta ¿alucinación? una salida, el fin de su vida. Si no fuera porque esto es nos explica una y otra vez, el recurso tendría un efecto tan preciso como en la película de Dolan, sin embargo, y aquí se encuentra uno de mis principales problemas con este libro, Hanya abusa de la redundancia para crear la máxima tensión emocional en el libro, recordándonos una y otra lo triste que es la historia.

But it's more like Life in the vivid dream #bookstagram #alittlelife #lanadelrey #currentlyreading

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No voy a mentir, la historia sí es triste.  Deliberadamente. La escritora no escatima en tragedias a lo largo del libro. Conocemos a Jude, JB, Malcolm y Wilem, cuatro amigos cuyas vidas, a partir de sus años en College, se unirán para siempre.  Asistiremos a desilusiones profesionales y amorosas, triunfos y derrotas de jóvenes que no resolvieron las preguntas fundamentales que aquejan en esos años , dando la impresión, al comienzo del libro, que el sentido de la historia es trabajar la siguiente idea: qué sucede cuando, acabada la etapa en que se supone tienes la libertad de hacerlo, no resuelves quién eres, no descubres tu identidad. Pero inmediatamente nos damos cuenta de que algo no anda bien. Vemos en las respuestas evasivas de Jude, en secretos tan implícitos en su forma de ser que resultan explícitos para el lector, que algo lo atormenta. Hanya compone personajes que, aunque definidos, no resultan arquetípicos ni esquemáticos; sus historias y personalidades fluyen con naturalidad. Así que no profundizaré en la composición del resto de los personajes porque es notable: tal y como quiere Hanya, me centraré en Jude, el evidente protagonista de esta historia.

Algo terrible, impronunciable y devastador le ocurrió en algún momento de sus años antes de llegar al College. Eso queda claro desde el primer momento, sin embargo, los detalles son entregados lentamente durante la historia. Y aunque esta novela se sustenta en el desarrollo de los personajes más que en la progresión de la trama, me pareció que el esfuerzo de Hanya por mantener en secreto el secreto de Jude es contraproducente, pues cuando comenzamos a encontrar las piezas restantes del rompecabezas entre las evasivas de Jude, bajo su ropa o en su forma de relacionarse con y en el mundo, el lector ya sabe cuál es la imagen que está intentando armar. Pero al comienzo del libro esto no es particularmente negativo, considerando que la autora se permite cerca de 100 páginas para hacernos creer que tras décadas, ninguno de los amigos de Jude sintió ni un ápice de humana curiosidad por saber los detalles del pasado de Jude, limitándose a aceptarlo como un individuo reservado, respetando su privacidad. Está bien. Pacto de verosimilitud cerrado. Creo en lo que me cuentas, Hanya, sigamos adelante. Según parece, aquello terrible, impronunciable y devastador volverá a presentarse, una y otra vez, bajo nuevos disfraces, sin que nadie acabe de notarlo en realidad.

La seguidilla de calamidades no acaba nunca, literalmente. Ese es otro punto que deseo comentar: a ratos, la historia progresaba de formas tan obviamente horribles y devastadoras que acababa por considerarla como demasiado triste para ser triste. Desde golpes de efecto como el uso el título en impactantes circunstancias hasta la certeza, explicitada por el narrador, de que la vida de Jude no hará más que empeorar, A little life se lee como un melodrama estilizado, en el que tragedias y pequeñas y cotidianas alegrías salpican un cuadro de absorbente oscuridad. Pero en el fondo se lee una historia de esperanza y resiliencia, de amor y amistad en el hostil entorno que es la vida, que obliga a estos personajes a forzar los límites naturales de la resistencia humana. La novela tiene momentos de conmovedora belleza, pues la vida de Jude, así como marcada por grotescos individuos, le permitió conocer, quizá sin darse cuenta, el poder que el amor incondicional puede manifestarse en vínculos familiares, de amistad y relaciones románticas.

La memoria es el mayor tirano que ha visto la historia, parece decirnos Hanya en esta novela. Es imposible no encontrarle la razón una vez acabado el libro. Intensas, dramáticas y conmovedoras, las más de 700 páginas de esta novela probaron ser lo que prometieron durante el año pasado:  una de las historias más desgarradoras del panorama literario actual.

2015 en libros

Si me siguen en Twitter, seguramente se habrán encontrado con un banal y evitable spam continuo sobre lo poco que había leído durante el año, sobre los muchos libros abandonados y la apatía lectora general que me mantuvo durante meses leyendo pocas páginas semanales. Puedo elaborar excusas más o menos creíbles, comentando mi primer año universitario como el principal argumento para hacerlas medianamente verosímiles. Pero no es el punto de esta entrada. Hoy, de forma concisa y, espero, certera, pretendo resumir mi año lector, organizándome en torno al formato más sencillo y popular de Internet: un top 5 de lecturas.

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Algunos libros que no lograron ingresar al top, ya sea por ser intrascendentes y contemporáneamente empalagosos como Lolito, de Ben Brooks; honestamente decepcionantes, como Bestiario de Julio Cortázar; o excesivamente sobrevalorados, como Seda de Alessandro Bariccio. Y en esta novela me quiero detener brevemente: meses después de haber tratado esta historia en una asignatura, centrada (y llamada) Narratividad de la ficción, sigo sin poder encontrar lo relevante y revolucionario en un libro que, si bien cuenta una linda historia que engancha con temas tan universales como el emprendimiento, el encuentro entre culturas y la traición amorosa, no presenta innovaciones en la prosa, la forma de hilvanar la trama o los personajes. Creo que es un libro despreciable cuya existencia no cambia mucho el panorama actual de la novela contemporánea, y no lo recomiendo sino como una breve lectura que puedes leer en un viaje en tren cuando GoodReads te anuncia que vas 8 libros detrás de lo planificado.

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Pero no todos los libros que quedaron fuera de la lista son malos. Algunos estuvieron a punto de ingresar, como El mapa y el territorio de Michel Houllebecq, novela sobre el arte con incursiones al ámbito metaliterario y policial, en el que aborda también sus temas favoritos: la sexualidad actual y el deterioro (a falta de una palabra mejor) de la moral y el pensamiento occidental; Sweet Tooth de Ian McEwan, una historia de espías y literatura durante la Guerra Fría, cuya intención metaficcional final me sigue persiguiendo; o La bofetada de Christios Tsiolkas, actual, ácida y brutalmente honesta, una novela coral que seguramente cuenta con el conjunto de personajes más variados, divertidos y odiablemente humanos que conocí este año.

Siendo estas últimas tres novelas increíbles, hay otras cinco que deseo destacar aún más. A continuación, mis mejores lecturas del año pasado.

Sobre The secret history hablé en su debido tiempo: un fantástico thriller psicológico contado en reversa, cargado de referencias a la cultura clásica y construido sobre sólidos personajes que deciden entregarse a un acto dionisíaco que acaba en tragedia. Brillantemente ejecutado por una notable prosista (algunos ejemplos en la reseña que escribí), esta novela no solo satisface el afán lector del mejor de los page turners, sino que puede ser disfrutada por los más exigentes lectores de ficción literaria.

De la siguiente novela no soy capaz de hablar sino con cierta torpeza. Sobre Mientras agonizo se han escrito tesis doctorales y textos completos, encontrando siempre nuevas dimensiones que destacar de esta intensa historia, centrada en la travesía de los Bundren, cargados con el ataúd de su madre en dirección al entierro que ella deseaba recibir. No solo impacta la fuerza filosófica de la prosa de Faulkner, acomodada a la sucesión de monólogos interiores que conforman este relato, sino la articulación de la trama que nos permite enterarnos de lo que sucedí en la familia antes de la tragedia, y cómo aquello que ahora optan por callar acaba por determinar su futuro.

Houellebecq vuelve a mi lista de mejores lecturas tras la brillante Ampliación del campo de batalla que tanto me impresionó el año pasado.  En Las partículas elementales, la demoledora historia de un biólogo molecular que ha optado por una vida ajena a la sexualidad y su hermano, un misógino profesor de literatura, se tuerce hasta alcanzar dimensiones futuristas. Muchas cosas se le pueden criticar a este autor: desde la forma en que se refiere a sus siempre similares personajes femeninos hasta la forma en que introduce el discurso expositivo en sus novelas, dando a veces la impresión de recitar crudos pasajes de Wikipedia; pero la intensidad y el pesimismo con el que arremete en contra de Occidente, empleando siempre una prosa cruda y extrañamente lírica, me maravillan en cada novela. Hasta cierto punto, podría afirmar que Houellebecq es mi Bukowski.

Diametralmente opuesto a Houellebecq está Jonathan Franzen, cuya última novela, Purity, ingresó a esta lista casi tan pronto como comenzó su lectura. Si me preguntaran quién es mi novelista vivo favorito seguramente diría, tras titubear y relegar a otros autores, quizá superiores, a un olvido momentáneo, Franzen. En Purity despliega su magnífica prosa en una historia que sorprende en cada capítulo (al estilo de los grandes clásicos del siglo diecinueve) con una trama elaborada y de contemporánea agudeza moral. Podría contarles sobre la trama y los temas principales que abarca, pero puesto que ya comenté algunas cosas sobre Purity en GoodReads me limitaré a indicarles un link.

Finalmente, concluyendo esta entrada, la mejor novela que leí el año pasado, una monstruosa y obsesiva creación literaria que indudablemente etiquetaría como una de las obras maestras de la literatura chilena: El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso. Excesiva en todos los niveles posibles, aquí se funden voces narrativas y narradores, hilos temáticos, sueños y grotesca vigilia, situando este enredo de imposible belleza en un convento pronto a ser demolido, cuya historia se escribe continuamente y se revela entre mitos y leyendas. El Mudito, uno de los narradores evidentes de este relato, nos cuenta los sórdidos vínculos familiares que acercaron esta casona a la Iglesia, y las artimañas que él y las viejas regentas planean para conservarla, incluyendo la ayuda de magia negra, chantaje y conspiraciones. A grandes rasgos, esa es la historia principal de esta novela, o la más radicalmente real. El resto es una continua inmersión en un mundo caótico y opresivo, grotesco y decrépito en sus pasajes más luminosos, y clarividentemente incomprensibles en sus partes más memorables. Abiertamente experimental y obsesiva,  simbólica y compleja, El obsceno pájaro de la noche es el tipo de novela que ofrece no solo múltiples lecturas sino que además invita a continuas relecturas. Pretendo visitar la Casa de la encarnación de la Chimba nuevamente este año, mientras continúo mi exploración del gran narrador de Chile.

Acabo en febrero el repaso de mis lecturas del año pasado. Hay cosas que nunca cambian, ¿no? Cuéntenme si han leído alguno de estos libros, o si dentro de sus lecturas del 2015 hay novelas tan destacables que merecen y necesitan ser recomendadas sin cesar. Y háblenme también de sus decepciones lectoras del año pasado. A veces, la mejor recomendación que podemos recibir es no acercarnos a ciertos bodrios.

‘The secret history’ de Donna Tartt

Uno de los méritos más importantes de The secret history es, a mi parecer, el desafío a los límites impuestos por muchos críticos para la ficción de género. Pese a que conocemos el crimen y a los asesinos en el prólogo, Donna Tartt apuesta por mantener el tono de relato de misterio a lo largo de una narración que, por momentos, se lee como una novela de campus o una incursión psicológica a la mente de personajes que, a priori, podrían parecer vacuos e irrelevantes. La prosa, por otro lado, no se limita a estos registros. Visuales y evocadoras, las descripciones de Tartt destacan ya sea que se enfoquen en el entorno del Hampden College, la institución en donde transcurre esta historia, o los conflictos que aquejan a los protagonistas. The secret history, de destacable riqueza, supone un debut impresionante para una escritora prolífica y joven que con solo tres novelas ya ha obtenido el favor de la crítica y el cariño y devoción de millones de lectores.

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When Richard Papen arrives at Hampden College in New England, he is quickly seduced by the rhythms of campus life- and in particular by an elite group of five students, Greek scholars, worldly, self-assured, and, ar first glance, highly unapproachable. Yet as Richard is accepted and drawn into their inner circle, he learns a terrifying secret that binds them to one another: a secret about and incident in the woods in the dead of a night when an ancient rite was brought to life. 

No es difícil explicar por qué Richard se siente inmediatamente atraído por el grupo conformado por Henry, Camilla, Charles, Bunny y Francis. La estabilidad de este grupo de jóvenes intelectuales dedicados a los estudios clásicos solo es opacada por el brillo de su riqueza y seguridad, todo lo contrario a lo que Richard, aún intentando descubrir qué quiere hacer con su vida, vivió con sus padres en una humilde casa en Plano. La belleza del conocimiento sobre la lengua y cultura griega, en una amalgama con la prosa que parece nutrirse de referencias y seducción cultural, arrastra a los personajes hacia algo que, como lectores, nos parece inevitable: el descontrol y la tragedia.

After all, the appeal to stop being, even for a little while, is very great, he said. “To scape the cognitive mode of experience, to transcend the accident of one’s moment of being.

¿Por qué deciden matar a Bunny? Esta es una de las preguntas que se intentan responder a lo largo de libro. El impulso juvenil, la falta de perspectiva que gobierna a estos personajes, parece contrastar con la mecánica frialdad con la que planean las coartadas después del crimen. Tan absortos se encuentran en este mundo que han logrado mantener a su alrededor, como se evidencia en el tratamiento de Tartt hacia Henry, la mente tras muchos de los planes de estos jóvenes, un estudiante capaz de traducir el alma de un texto griego y comentar milenios de historia antigua pero que, sin embargo, no sabía que el hombre había llegado a la Luna en el 69, que la violencia de la investigación o la irrupción de la prensa parecen desestabilizar la trama que han intentado urdir. La inocencia de Richard, en paralelo, resalta esta situación gracias a un interesante contraste.

“We don’t like to admit it,” said Julian, “but the idea of losing control is one that fascinates controlled people such as ourselves more than almost anything. All truly civilized people -the ancient no less than us- have civilized themselves through the willful repression of the old, animal self.”

Ya mencionaba que la novela juega con múltiples géneros, sin embargo, si tuviera que clasificarla, pese a que se lee con el apremio de un thriller y, básicamente, involucra un crimen, diría que se destaca en el estante de la ficción literaria, principalmente por la riqueza con la que Tartt desarrolla la historia. Su prosa es hermosa, la caracterización de los personajes es notable, y está controlada a lo largo de toda la novela para ofrecer contexto y profundidad para cada uno de los protagonistas. ¿Por qué limitarla a la ficción de género, obviando sus evidentes méritos literarios? Y aún más importante: ¿Por qué desconocer el mérito de muchas novelas enmarcadas en la ficción de género?

Hampden College, as a body, was always strangely prone to hysteria. Whether from isolation, malice, or simple boredom, people there were far more credulous and excitable than educated people are generally believe to be, and this hermetic, overheated atmosphere made it a thriving black petri dish of melodrama and distortion.

Es imposible no dejarse arrastrar por la historia, aunque a veces se sucedan múltiples coincidencias y azarosas situaciones favorables. En el mundo de Tartt, todo resulta plausible. Mantener el suspenso en una novela de misterio cuya incógnita se revela en el prólogo, y que muta de registro continuamente y con elegancia, resulta natural en Donna Tartt. Ya tengo ganas de leer el resto de su bibliografía que, para bien o para mal, solo se limita a tres novelas. En una entrevista, aseguró que se sentiría realizada escribiendo 5 libros. Si estas cinco novelas resultan tan destacables como The secret history, es posible que su nombre se inscriba en la selecta lista de autores que aunaron la ficción literaria con el entretenimiento de masas.

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Man Booker Prize 2015

El reencuentro del Comité de libros chungos solo podía acabar en una cosa: una lectura conjunta extravagante y de descarada ambición. Ya había sucedido con El arco iris de la gravedad y The luminaries, y hoy, siguiendo la línea de esta última novela, acordamos leer la long list del Man Booker Prize de este año. ¿Los motivos? Además de una esquizofrenia lectora y la incapacidad patológica a decir que no frente a desafíos lectores, está la tentativa de proponer al ganador de este importante premio. ¿Acertaremos con nuestras predicciones?

Los invito desde ya a sumarse a alguna de nuestras lecturas. A continuación, los libros que leeremos cada uno de nosotros.

Sara, de El papel amarillo 

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Alex, de Novelas y otras historias

collafge alex

Sub_zero, de Generación Reader

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Pablo, de Blog del lector empedernido

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Para más información sobre el Man Booker Prize de este año, haz clic aquí.

Pueden seguir el progreso de la lectura usando el muy-acertado-hashtag .

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