He renunciado formalmente a “reseñar”, sea cual sea el significado de esta palabra, ciertos libros. Es imposible. No me siento cualificado. Simplemente, son obras que escapan a la crítica. Eso no quiere decir que no los comente ni lea, e incluso precisamente por eso invito leer esos libros, proporcionan una nueva forma de entender la literatura, y de encontrarse con nuevas experiencias de lectura. Por ejemplo, se pueden mencionar a autores como Pynchon, o David Foster Wallace, autor que nos convoca en esta ocasión con su primera novela, escrita como parte de requisitos de graduación cuando estaba en la universidad. El hecho de que un joven haya escrito una obra como esta no es tan impresionante como la obra en sí, en donde ya podemos advertir cómo será la forma narrativa del autor, y se comienza a advertir el torrente de creatividad y sabiduría que recorrerá toda su obra. En ese contexto, les presento un comentario sobre la experiencia de leer este libro, traducido por José Luis Amores en la editorial Pálido Fuego, todo un descubrimiento en cuanto a editoriales que hice en el 2013.

La misteriosa desaparición de su bisabuela y de veinticinco personas más, entre “residentes” y empleados, de la residencia de ancianos Shaker Heights ha dejado a Lenore Beadsman emocionalmente encallada en el extremo del Gran Ohio Desértico, el G.O.D. Aunque ese es simplemente uno de los muchos problemas de la desventurada operadora telefónica, seriamente agravados por su relación sentimental con su jefe, Rick Vigorous, Vlad el Empalador, su cacatúa y estrella televisiva, y otras catástrofes menores que amenazan con elevar su búsqueda del amor y la autodeterminación hasta cotas de una anormalidad estrambótica.

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En paralelo a escenas alocadas, personajes estrambóticos y pájaros parlantes, está el gran tema unificador que DFW propone en este libro: el lenguaje y su capacidad de moldear la realidad en que vivimos. A través de una historia que, aunque se lea solo en ese nivel, ya constituye una excelente experiencia de lectura, conjuga distintas voces, estilos y formas de presentar el relato, el autor nos sumerge en un misterio que sirve de columna vertebral en el libro: la extraña desaparición de Lenore, la bisabuela de Lenore Beadsman y otros miembros de un hogar de ancianos. 

Suponga que la abuela me dice de forma realmente convincente que todo lo que de verdad existe en mi vida es lo que se puede contar sobre ésta.

Pero DFW no solo apunta sus dardos a la concepción del lenguaje, sino que, en la buena tradición de Thomas Pynchon (autor que, aunque no he leído completamente, encuentro que sirve de gran influencia en este libro, sobretodo con la novela La subasta del lote 49), abaraca diferentes temas: desde el Estados Unidos “futurista” del autor, 1991, hasta la vida de las editoriales, pasando por los autores jóvenes y otras formas de hacer metaficción. Rick Vigorous, pareja de Lenore, trabaja en una editorial y tiene un inquietante deseo de contar historias, y Lenore de escucharlas. Desde algunas perturbadoras que llegan escritas por jóvenes universitarios, a otras más sublimes que planea presentar la editoria. Todas ellas son contadas, además, por el autor hacia nosotros. Son historias, dentro de historias, dentro de historias.

Me contó que quería escribir un libro defendiendo que el cristianismo es el modo uiversal que tienen los cristianos de castigarse a sí mismos, que el cirstianismo consiste en realidad en la oferta de una recompensa irresistible a cambio de un servicio irrealizable.

¿Entonces no son todas ellas (las propuestas) cosas de estudiantes universitarios con problemas?
La mayoría sí, para mi molestia y angustia. Pero deberías ser capaz de descubrir el típico material universitario a un kilómetro de distancia. (…) Quizá porque tienden a ser odiosamente autoconscientes. Mordazmente cínicos. O si no mordazmente cínicos, sí totalmente ingenuos. O en todo caso, sistemática y desagradablemente pretenciosos. Sin mencionar que desastrosamente mecanografiados, por su puesto. Se esfuerzan edmasiado, es lo que se puede decir de la mayoría de ellos. Simplemente hay una sensación insoportable de esfuerzo excesivo.

Y el estimo era tan… Recuerdo esta frase: <<Sonrió con ironía>>. ¿Sonrió con ironía? ¿Quién sonríe irónicamente? Nadie sonríe irónicamente salvo en las historias. No era real en absoluto. Era como una historia dentro de una historia.

Tan solo tengo la imagen de la universidad de todos esos tipos filósofos con barbas y gafas y sandalias con calcetines, diciendo toda esa mierda de sabios de todos los tiempos.

Y luego, en la novela nos encontramos con diferentes símbolos y metáforas, desde esta “escoba” a la que se hace alusión en el título, hasta el pájaro mascota Vlad el Empalador, que súbitamente comienza a hablar, repitiendo obscenidades que escuchaba en el departamento que comparten su dueña y su amiga. Le enseñan oraciones, a fin de que no se escuchen tantas groserías. Se me ocurre que de esa forma el autor nos habla de cómo el lenguaje no es más que una imitación adquirida en la infancia, al igual que las creencias y las costumbres. Cosas circunstanciales.  Y así, distintas cosas adquieren significado a medida que la historia avanza. Desde una realidad fragmentada, el autor juega con todos los elementos que tiene a disposición.

Al llegar al final (que estoy seguro de aún no comprender del todo) corrí a internet buscando información, leyendo análisis, entrevistas del autor. Algo que pudiera servir. De más está decir que no encontré nada que me resultase útil, así que seguramente seguiré mirando en busca de más antecedentes de su obra. En síntesis, decir que esta ha sido una de las mejores experiencias lectoras que he tenido, algo que estoy viviendo nuevamente mientras atravieso la monumental La broma infinita. Soberbio narrador, condenadamente inteligente y, aunque a veces un poco pretencioso, me parece que su obra es de las más interesantes que he tenido el placer de leer. Totalmente recomendada.

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4 comentarios sobre “‘La escoba del sistema’ de David Foster Wallace

  1. Tengo mucha curiosidad con este autor, al que me estoy resistiendo un poco porque intuyo que es una lectura no fácil. Quizás empezar con el libro con el que empezó él a escribir ayude a entenderlo (o no!!).

    Gracias y un saludo

  2. Pues será cuestión de empezar a leerlo. Desde luego, ya veo que a ti te ha encantado desde que lo descubriste. Yo tengo dos de sus libros, el de la niña y el de “Una cosa muy graciosa que no volveré a hacer” (o algo parecido, no me acuerdo del nombre exacto ahora mismo). Aunque hasta llegar a “La broma infinita”… creo que leeré otros de sus libros, por eso de ir “entrenando” para leer ese gigante.

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