‘La broma infinita’ de David Foster Wallace

Seré honesto por un momento y reconoceré que no soy capaz de reseñar este libro. Incluso iré más allá de la honestidad y diré que, en el mundo, hay muy pocas personas con la capacidad de hacerlo. Es una obra monumental, extraña, densa y complicada; fue escrita por un autor monumental, extraño, denso y complicado. Por lo anterior, me limitaré aquí a vaciar de mi mente todo lo que pueda recordar sobre esta experiencia de lectura, con el objetivo de ordenar mis pensamientos y dilucidar ciertas cuestiones.

‘Yes, I’m paranoid — but am I paranoid enough?’

Recuerdo que, cuando acabé La subasta del lote 49, lo hice casi encerrado en mi habitación. Había llegado del instituto y me faltaban cincuenta páginas para terminar, y quería acabarlas con tranquilidad. En mi mente se almacenaban teorías y conspiraciones. Pynchon es un autor único, comprendí inmediatamente. Incluso recuerdo haber estado en una clase,  ese mismo día, y haber hecho un pequeño diagrama para ordenar lo que había acabado de leer. No sirvió de nada. Al terminar el libro sentí que el autor me había tomado el pelo, y a sus personajes, y a literatura. Sentía una risa ensordecedora en mi dormitorio: era Pynchon burlándose de mí. En internet hay testimonios similares, por ejemplo, de gente que acaba El arco iris de la gravedad y no sabe qué hacer con su vida. Aún no he llegado a esa obra, pero sí leí otras dos ese mismo año y sentí cosas similares: que Pynchon hace lo que quiere con la historia, con los personajes, con la prosa y con la literatura en sí; que es grande y omnipresente, y que se burla de tod y de todos por igual. Más o menos así me sentí al acabar La broma infinita, solo que en este libro, además, me pregunté si había merecido la pena atravesar más de mil páginas de densidad similar a la de una estrella de neutrones. ¿Y qué se supone que debo hacer con el último párrafo que propone el autor? Uno, correr a internet a buscar entrevistas a David Foster Wallace (en adelante DFW) en las que haya hecho alusión a su obra magna; dos, entrar en foros de lectores de la obra con guías del libro e, incluso, diagramas de los personajes; tres, cuestionarme absolutamente todo lo leído en el libro. Algunas cosas pasaron en la novela, otras parecieron pasar, otras son producto de la imaginación esquizofrénica del pobre lector que intenta desesperadamente quedarse con algo tras cada página leída. Al leer ciertos análisis de internet me di cuenta de que mis interpretaciones no estaban tan equivocadas, pero que había pasado por alto ciertos detalles de gran trascendencia. Un problema con La broma infinita: en medio del torrente de información que el autor entrega, en ocasiones de manera casi enfermiza, es fácil para ciertos detalles por alto. Un consejo: usar post-its. Muchos. Todos los que se encuentre. No solo para marcar citas, pasajes, páginas y capítulos memorables, sino para señalar cuando se introducen nuevos personajes, o cuando se hacen descripciones que a todas luces serán importantes a futuro.

Las primeras trescientas páginas son especialmente difíciles porque DFW arroja tramas y lineas argumentales a diestra y siniestra. Al final, todas confluyen, sin embargo, resulta abrumador ingresar en la novela. No mentiré al decir que hay páginas aburridas. Hay pasajes especialmente largos en los que se profundiza en temas que poco interesan al lector. Seré honesto al decir que no me gusta el tenis, así que las descripciones de jugadas y tácticas me aburrían. Así que mi punto de vista, en ese aspecto, es completa y radicalmente subjetivo. Pero sí jugó a mi favor el hecho de que me interesa el mundo de los medicamentos, y por lo tanto las notas y sub notas y sub sub notas sobre farmacéutica y farmacodinámica no se me hicieron insoportables, algo que parece complicar a muchos lectores. Invoco a Pynchon nuevamente para hacer un segundo paralelo: en sus novelas siento que en pocas páginas sucede mucho; con DFW, en especial en esta novela, sentía lo contrario: que en muchas, incluso a veces demasiadas, páginas se contaba poco. En medio de descripciones interminables sobre pequeños aspectos del ambiente en que se mueven los personajes es fácil perder el interés… y la concentración. Pero, por otra parte, me encontré con fragmentos que, por sí solos, hacían valer la pena todo lo que costaba la novela.

*

La broma infinita es la novela “desata pasiones” por excelencia. Encumbrada por muchos como una de las grandes obras de la lengua inglesa de los últimos cien años, es considerada por muchos como una historia excesivamente larga cargada de pretensiones y escrita con cierta arrogancia. Harold Bloom, uno de los críticos más importantes de la literatura actual, quizá el más, no da mucho crédito a esta obra. Sus argumentos son, por lo menos, interesantes. Personalmente, no sé cómo posicionarme. Por un lado, sí, me parece una obra de monumental complejidad, llena de temas que abarcan desde el tenis a la depresión, pasando por matemática, adolescencia, adultez, adicciones, etc; por otro, puedo entender a quienes dicen que es excesivamente larga. Quizá esa longitud es parte de la esencia de la novela: una historia con historias con personajes que mencionan a personajes que menciona a más personajes para luego describir cosas que están dentro de otras cosas que rodean a un protagonista circunstancial que interactúa con el narrador del momento que vive ciertas cosas. Quizá todo eso es parte de la broma infinita que nos gasta DFW, y James Incandenza. 

¿He hablado de los personajes en sí? ¿No? Hay varios motivos: primero, son muchos, segundo, son muchos, y tercero, son pocos. Sin embargo si tengo que citar a un grupo, este seria el de la familia Incandenza. Finalmente, la historia pasa por ellos. Tenemos a James Incandeza, genio, cineasta, doctor y cigüeña loca; a Avril, una mujer sugerente, canadiense, ligeramente promiscua y obsesionada por la gramática; a sus hijos: Orin, futbolista y seductor de mujeres (muchas); Mario, cineasta en potencia, deforme y sensible; y a Hal, promesa del tenis, superdotado y miembro de la AET, Academia Enfield de Tenis, institución creada por su padre. ¿De qué va la obra, específicamente? De una película grabada y dirigida por James, La broma infinita (en general), son el poder de enloquecer, o de perturbar o quizá incluso matar, a todo quien la vea. Para obtenerla, distintas organizaciones ingresarán en la historia**, cada una con motivaciones propias, desde terrorismo hasta contraterrorismo. ¿Por qué? Porque América tal y como la conocemos ha cambiado, y ahora se encuentra organizada por la ONAN, en constante disputa con el movimiento contraONAN de Quèbec. Muchas cosas han cambiado, además. Desde el rol de la tecnología audiovisual en la vida de las personas a la organización del tiempo (ahora, los años se nombran bajo un producto específico). Muchos otros aspectos quedan sin nombrar, en serio, créanme cuando les digo que no he comentado ni la mínima parte de esta lectura.

Creo que probablemente hay diferentes tipos de suicida. Yo no soy de los que odian. No soy del tipo que dicen <<soy una mierda y el mundo estaría mejor sin mi presencia>> pero a mismo tiempo se imagina lo que dirá todo el mundo en su funeral. He conocido gente así en los psiquiátricos. Gente que dice <<Pobre de mí, me detesto, castigadme, pero no dejéis de asistir a mi funeral>>. Luego te muestran una foto en color de su gato muerto. No es más que puta auto compasión. Pura mierda. Yo no tenía ninguna inquina especial. No fracasé en ningún examen ni me abandonó nadie. Toda esa gente se hace daño.
(…)
No trataba de hacerme daño. Trataba de matarme, hay una diferencia.

Entre todos los temas que se tratan en la novela, seguramente el más emocionante, para mí, fue la depresión, y los trastornos mentales en general. Hay reflexiones desgarradoras que solo pudieron haber sido escritas por una persona que sufre, en este caso DFW***. 

Él nunca vino a verme, Jim, ni una sola vez. Por supuesto, mi madre no se perdió un solo partido de competición. Mamá vino a verme a tantos partidos que al final ya no significaba nada que viniera. Era parte del ambiente.

Estamos tan presentes (los padres) que ya hemos perdido todo significado. Somos medioambientales. Los muebles del mundo.

Que todo el mundo es idéntico en su secreta y callada creencia de que e el fondo es distinto a todos los demás.

La soledad, en sus distintos niveles y formas de comprenderla, se manifiesta en la historia y en sus personajes. Podría decirse que incluso, la novela es de gente en soledad, alguna extraña manera.

Para finalizar, solo diré que esta no es una novela que se recomiende. Tampoco es una novela que pueda gustarle a cualquier persona. ¿Me gustó? Sí. ¿Mucho? Sí. No. Posiblemente. Seguramente. Es una novela, es un ensayo, es un texto sobre sociología, es un tratado sobre las adicciones. Es muchas cosas. Pero, por sobre todo, no es más que una broma, una obra infinita, tan grande como la misma película que da nombre a la obra, o viceversa.

UNA POSIBLE VALORACIÓN EN CIFRAS

Un libro como La broma infinita merece una calificación de π/5, pero como no existe y quiero registrarla en mi cuenta GoodReads y valorarla con la barra del blog…

ranking 5 (v1)

5 / 5

ALGUNOS LINKS QUE HARÁN DE ESTA LECTURA UNA ACTIVIDAD LIGERAMENTE MENOS IMPOSIBLE

LO MÁS CERCANO A NOTAS A PIE DE PÁGINA QUE PUDE REDACTAR CON EL FIN DE RECORDAR EL ESTILO DEL LIBRO

*Algún día haré una entrada con todas las citas que marqué al leer esta novela.

**Falta por mencionar la extraordinaria “pareja de campo” compuesta por Marethe y Steepy, quienes también buscan La broma infinita, y que en cada aparición en el libro entregan motivos para seguir leyendo.

***Memoricen este nombre: Kate Gompert.

8 comentarios en “‘La broma infinita’ de David Foster Wallace

  1. Marivl dijo:

    Tengo este título en mi estantería y todavía no me he atrevido a comenzar su lectura. Aunque por ahora sólo puedo imaginarme el grado de monumentalidad que alcanza esta obra, me ha parecido que has hecho un genial trabajo con esta reseña.
    Tomaré muy en cuenta lo de usar post-its.
    ¡Saludos!

  2. Yo lo leí este verano (¡en la playa, además!) y creo que tendré que repetir, porque la verdad es que es un libro que tiene muchos detalles y complejidades que es difícil apreciar con una primera lectura. Pero estoy de acuerdo con tu interpretación y lo que te pasó al leerlo.

    Por cierto, Harold Bloom puede ser muy respetado e importante, pero hay que tomar todo lo que dice con cuidado, porque es facho hasta decir basta. Con decirte que en su Canon prácticamente todos los autores son blancos, heterosexuales y hombres. El señor Bloom sabe mucho, pero eso no quiere decir que posea la verdad.

  3. Pamplino dijo:

    Hombre, blanco, heterosexual (muy heterosexual) y muerto (otra de las necesidades para estar en el canon de HB) también es DFW. Estoy de acuerdo en que hay que seguir de cerca a Kate Gompert.

  4. La novela es excelente aunque es posible que no sea mejor que El arco iris de gravedad. Concuerdo que la parte de la persona deprimida es una de las mejores del libro. No olvidar tampoco a la increíble Madame Psicosis. Estoy de acuerdo también que la novela es difícil, sobre todo porque partes claves de la novela (el ataque de los asesinos de sillas de ruedas a la academia, Hal desenterrando la cabeza del padre bajo la mirada atenta de John Wayne), son esbozados en líneas apenas. Como todos los grandes libros (tanto en paginas como en genio), es recomendable ir tomando notas y hacerse la idea que habrá que leerlas varias veces. Como ejemplo, la subasta del lote 49, que aparece en tu reseña, me la leí tres veces seguidas. y ahí la agarré en toda su soberana genialidad. saludos.

  5. María dijo:

    Pues te ha quedado una buena reseña, que confirma mi impresión cuando he entrado a buscar si alguien más se sentía al leerla como me estoy sintiendo yo…esos picos con esas citas y ese sopor a veces insoportable.
    Solo espero no sea el traje del emperador. Seguiré en ello.

    Gracias por escribirlo, un saludo

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