Durante este fin de semana santo, días de reflexión respecto al sacrificio de nuestro señor Jesucristo, fui con mi familia a la playa a un sitio de cabañas sin internet ni otras ventanas de comunicación con el mundo digital. Ideal para descansar; para leer, en mi caso. Decidí llevar conmigo algunos libros que tenía pensado acabar pronto, antes de la visita de Auster y Coetzee a Chile: me refiero a La trilogía de Nueva York y Esperando a los bárbaros; pero además añadí un libro que compré por sorpresa hace algunos días, El sindicato de policía yiddish, del desconocido, para mí, Michael Chabon. Así que leí durante estos días de introspección religiosa. Logré terminar el libro de Chabon, el de Auster y comenzar el de Coetzee. La razón de esta entrada, lejos de reseñar estos libros, es comentar algo que me pregunté durante la lectura del libro de Chabon.

No tomo notas cuando leo un libro (entiéndase como libro, en este caso, texto de ficción, pues los libros del instituto los subrayo, escribo, marco, señalo, etc), mi máxima organización consiste en marcar las citas que más me gustan con post it de colores, sin embargo, en esta oportunidad, pensé en que podría ser útil comenzar a escribir datos importantes para la trama, pues sabía que ciertos acontecimientos eran importantes pero se habían borrado completamente de mi memoria, obligándome a retroceder páginas. Es decir, sabía que había algo importante que estaba olvidando, la pregunta era qué. El único registro de anotaciones que tengo procede de La broma infinita, pero para leer ese libro es necesario anotaciones, post it, cuadernos, y otros utensilios, así que dejaré de lado ese ejemplo. A veces anoto “reflexiones” en márgenes o páginas en blanco, sobretodo cuando se trata de un libro que obliga al análisis de ciertos temas, sin embargo con el libro de Chabon pensé que habría sido útil anotar en la última página ciertas cosas. Y no es un libro especialmente difícil, ojo; no obstante, mi memoria no logró retener ciertas ideas.

No creo que mi memoria sea prodigiosa a la hora de leer. Cuando me sumerjo en novelas especialmente densas me veo obligado a intentar recordar muchas cosas, situación que a veces funciona. Creo que es imposible recordar todo, absolutamente todo, en un libro. El lector traza un panorama general respecto a la trama y sus ramificaciones a través de la historia. Puede recordar qué cosas hizo x personaje, pero no qué tiempo hacía cuando x usaba cierto tipo de ropa mientras caminaba en tal lugar entre dos escenas. Hay detalles que se escapan, que pueden o no ser importantes para el desarrollo de la novela, dependiendo del autor. ¿Qué cosas son relevantes en un texto? A veces, al releer, me doy cuenta de ciertos datos importantes que en la primera lectura pasé por alto. Pero eso sucede cuando releo, situación que no llevo a cabo con todos mis libros, claro está. ¿Cómo, entonces, discriminar? ¿Qué cosas me obligo a memorizar?

Desde el año pasado he notado un leve aumento en la dificultad de mis lecturas, y supongo que seguiré descubriendo nuevos autores con ciertas formas intrincadas de construir novelas. En adelante, seguramente, intentaré escribir en lápiz grafito algunos datos en hojas blancas del libro, intentando seguir de forma más consciente la historia.

Y aquí viene el motivo de esta entrada: preguntarles a ustedes qué hacen para recordar en general la trama de un libro complejo. ¿Retienen en su mente todo lo que leen ? ¿Toman notas? ¿Usan marcadores? ¿Alguna vez se han visto en la necesidad de retroceder párrafos o páginas, releyendo y buscando información? ¿Qué autores los obligan a intentar ser más atentos?

Pensé en hacer estas preguntas por Twitter, pero quería comentar y contextualizar un poco más, así que decidí resucitar nuevamente el blog para hacerlo.

Que tengan una excelente semana 🙂

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2 comentarios sobre “Lectores atentos

  1. Yo solamente me he visto en la necesidad de tomar notas con dos libros.

    El primero Vicio Propio, de Thomas Pynchon. De no haberlo echo seguramente me habría perdido a media lectura y lo habría dejado para siempre. Apuntaba los nombres de los personajes y una breve descripción, sobretodo tratando de relacionar unos con otros.

    El segundo es Crimen y Castigo. En la relectura (que por cierto tengo abandonada) me previne y empecé a apuntar todos los nombres y sus formas. Con esa manía de llamar a una misma persona de maneras diferentes te puedes llegar a liar mucho.

    Saludos!

    Por cierto Pablo te animo a echar un vistazo a mi blog, que abrí animado por el tuyo!

  2. Tomo notas de los libros que planeo reseñar (antes era solo con los de terror para mi blog, pero participo en otro blog con lecturas de otros géneros, así que ahora tomo anotaciones en todos).
    Desde que comienzo el libro estoy pensando en cómo voy a reseñarlo. A medida que leo voy confeccionando la reseña. Por lo tanto, siempre utilizo dos papelitos que guardo a manera de separador entre las hojas: un papel para los nombres de los personajes y datos sobre cada uno, el otro para escribir cuestiones que me surjan a aprtir del texto, tales como observaciones de índole estilistico, interpretaciones, reflexiones, críticas, etc.
    Mis anotaciones están al serviciio de la reseña, no más. Para recordar lo que sucede en la trama no acostumbro a anotar nada. Creo que gozo de buena memoria n ese aspecto. Aunque como tú dices, no es una memoria general, sino selectiva. Los pequeños detalles se van olvidando y uno almacena solo lo que es imprescindible para entender la historia. Creo que es natural. La memoria funciona así en todos los aspectos.
    ¡Saludos!

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