Xavier Dolan en su maravillosa película Lawrence anyways compara la necesidad de Lawrence por acabar con vida como hombre con ese impulso que sentimos al permanecer sumergidos y acabársenos el oxígeno: el impulso a la superficie, hacia la vida, es una necesidad. Todos lo hemos experimentado y el director lo sabe. No necesita dar explicaciones y la idea queda clara. Se acaba de ahorrar media hora de film. Hanya hace algo similar para explicar los pensamientos suicidas de Jude, comparando los recuerdos con un montón de hienas que lo persiguen mientras él logra ver, al fondo de esta ¿alucinación? una salida, el fin de su vida. Si no fuera porque esto es nos explica una y otra vez, el recurso tendría un efecto tan preciso como en la película de Dolan, sin embargo, y aquí se encuentra uno de mis principales problemas con este libro, Hanya abusa de la redundancia para crear la máxima tensión emocional en el libro, recordándonos una y otra lo triste que es la historia.

But it's more like Life in the vivid dream #bookstagram #alittlelife #lanadelrey #currentlyreading

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No voy a mentir, la historia sí es triste.  Deliberadamente. La escritora no escatima en tragedias a lo largo del libro. Conocemos a Jude, JB, Malcolm y Wilem, cuatro amigos cuyas vidas, a partir de sus años en College, se unirán para siempre.  Asistiremos a desilusiones profesionales y amorosas, triunfos y derrotas de jóvenes que no resolvieron las preguntas fundamentales que aquejan en esos años , dando la impresión, al comienzo del libro, que el sentido de la historia es trabajar la siguiente idea: qué sucede cuando, acabada la etapa en que se supone tienes la libertad de hacerlo, no resuelves quién eres, no descubres tu identidad. Pero inmediatamente nos damos cuenta de que algo no anda bien. Vemos en las respuestas evasivas de Jude, en secretos tan implícitos en su forma de ser que resultan explícitos para el lector, que algo lo atormenta. Hanya compone personajes que, aunque definidos, no resultan arquetípicos ni esquemáticos; sus historias y personalidades fluyen con naturalidad. Así que no profundizaré en la composición del resto de los personajes porque es notable: tal y como quiere Hanya, me centraré en Jude, el evidente protagonista de esta historia.

Algo terrible, impronunciable y devastador le ocurrió en algún momento de sus años antes de llegar al College. Eso queda claro desde el primer momento, sin embargo, los detalles son entregados lentamente durante la historia. Y aunque esta novela se sustenta en el desarrollo de los personajes más que en la progresión de la trama, me pareció que el esfuerzo de Hanya por mantener en secreto el secreto de Jude es contraproducente, pues cuando comenzamos a encontrar las piezas restantes del rompecabezas entre las evasivas de Jude, bajo su ropa o en su forma de relacionarse con y en el mundo, el lector ya sabe cuál es la imagen que está intentando armar. Pero al comienzo del libro esto no es particularmente negativo, considerando que la autora se permite cerca de 100 páginas para hacernos creer que tras décadas, ninguno de los amigos de Jude sintió ni un ápice de humana curiosidad por saber los detalles del pasado de Jude, limitándose a aceptarlo como un individuo reservado, respetando su privacidad. Está bien. Pacto de verosimilitud cerrado. Creo en lo que me cuentas, Hanya, sigamos adelante. Según parece, aquello terrible, impronunciable y devastador volverá a presentarse, una y otra vez, bajo nuevos disfraces, sin que nadie acabe de notarlo en realidad.

La seguidilla de calamidades no acaba nunca, literalmente. Ese es otro punto que deseo comentar: a ratos, la historia progresaba de formas tan obviamente horribles y devastadoras que acababa por considerarla como demasiado triste para ser triste. Desde golpes de efecto como el uso el título en impactantes circunstancias hasta la certeza, explicitada por el narrador, de que la vida de Jude no hará más que empeorar, A little life se lee como un melodrama estilizado, en el que tragedias y pequeñas y cotidianas alegrías salpican un cuadro de absorbente oscuridad. Pero en el fondo se lee una historia de esperanza y resiliencia, de amor y amistad en el hostil entorno que es la vida, que obliga a estos personajes a forzar los límites naturales de la resistencia humana. La novela tiene momentos de conmovedora belleza, pues la vida de Jude, así como marcada por grotescos individuos, le permitió conocer, quizá sin darse cuenta, el poder que el amor incondicional puede manifestarse en vínculos familiares, de amistad y relaciones románticas.

La memoria es el mayor tirano que ha visto la historia, parece decirnos Hanya en esta novela. Es imposible no encontrarle la razón una vez acabado el libro. Intensas, dramáticas y conmovedoras, las más de 700 páginas de esta novela probaron ser lo que prometieron durante el año pasado:  una de las historias más desgarradoras del panorama literario actual.

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Un comentario sobre “‘A little life’ de Hanya Yanagihara

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