‘A little life’ de Hanya Yanagihara

Xavier Dolan en su maravillosa película Lawrence anyways compara la necesidad de Lawrence por acabar con vida como hombre con ese impulso que sentimos al permanecer sumergidos y acabársenos el oxígeno: el impulso a la superficie, hacia la vida, es una necesidad. Todos lo hemos experimentado y el director lo sabe. No necesita dar explicaciones y la idea queda clara. Se acaba de ahorrar media hora de film. Hanya hace algo similar para explicar los pensamientos suicidas de Jude, comparando los recuerdos con un montón de hienas que lo persiguen mientras él logra ver, al fondo de esta ¿alucinación? una salida, el fin de su vida. Si no fuera porque esto es nos explica una y otra vez, el recurso tendría un efecto tan preciso como en la película de Dolan, sin embargo, y aquí se encuentra uno de mis principales problemas con este libro, Hanya abusa de la redundancia para crear la máxima tensión emocional en el libro, recordándonos una y otra lo triste que es la historia.

No voy a mentir, la historia sí es triste.  Deliberadamente. La escritora no escatima en tragedias a lo largo del libro. Conocemos a Jude, JB, Malcolm y Wilem, cuatro amigos cuyas vidas, a partir de sus años en College, se unirán para siempre.  Asistiremos a desilusiones profesionales y amorosas, triunfos y derrotas de jóvenes que no resolvieron las preguntas fundamentales que aquejan en esos años , dando la impresión, al comienzo del libro, que el sentido de la historia es trabajar la siguiente idea: qué sucede cuando, acabada la etapa en que se supone tienes la libertad de hacerlo, no resuelves quién eres, no descubres tu identidad. Pero inmediatamente nos damos cuenta de que algo no anda bien. Vemos en las respuestas evasivas de Jude, en secretos tan implícitos en su forma de ser que resultan explícitos para el lector, que algo lo atormenta. Hanya compone personajes que, aunque definidos, no resultan arquetípicos ni esquemáticos; sus historias y personalidades fluyen con naturalidad. Así que no profundizaré en la composición del resto de los personajes porque es notable: tal y como quiere Hanya, me centraré en Jude, el evidente protagonista de esta historia.

Algo terrible, impronunciable y devastador le ocurrió en algún momento de sus años antes de llegar al College. Eso queda claro desde el primer momento, sin embargo, los detalles son entregados lentamente durante la historia. Y aunque esta novela se sustenta en el desarrollo de los personajes más que en la progresión de la trama, me pareció que el esfuerzo de Hanya por mantener en secreto el secreto de Jude es contraproducente, pues cuando comenzamos a encontrar las piezas restantes del rompecabezas entre las evasivas de Jude, bajo su ropa o en su forma de relacionarse con y en el mundo, el lector ya sabe cuál es la imagen que está intentando armar. Pero al comienzo del libro esto no es particularmente negativo, considerando que la autora se permite cerca de 100 páginas para hacernos creer que tras décadas, ninguno de los amigos de Jude sintió ni un ápice de humana curiosidad por saber los detalles del pasado de Jude, limitándose a aceptarlo como un individuo reservado, respetando su privacidad. Está bien. Pacto de verosimilitud cerrado. Creo en lo que me cuentas, Hanya, sigamos adelante. Según parece, aquello terrible, impronunciable y devastador volverá a presentarse, una y otra vez, bajo nuevos disfraces, sin que nadie acabe de notarlo en realidad.

La seguidilla de calamidades no acaba nunca, literalmente. Ese es otro punto que deseo comentar: a ratos, la historia progresaba de formas tan obviamente horribles y devastadoras que acababa por considerarla como demasiado triste para ser triste. Desde golpes de efecto como el uso el título en impactantes circunstancias hasta la certeza, explicitada por el narrador, de que la vida de Jude no hará más que empeorar, A little life se lee como un melodrama estilizado, en el que tragedias y pequeñas y cotidianas alegrías salpican un cuadro de absorbente oscuridad. Pero en el fondo se lee una historia de esperanza y resiliencia, de amor y amistad en el hostil entorno que es la vida, que obliga a estos personajes a forzar los límites naturales de la resistencia humana. La novela tiene momentos de conmovedora belleza, pues la vida de Jude, así como marcada por grotescos individuos, le permitió conocer, quizá sin darse cuenta, el poder que el amor incondicional puede manifestarse en vínculos familiares, de amistad y relaciones románticas.

La memoria es el mayor tirano que ha visto la historia, parece decirnos Hanya en esta novela. Es imposible no encontrarle la razón una vez acabado el libro. Intensas, dramáticas y conmovedoras, las más de 700 páginas de esta novela probaron ser lo que prometieron durante el año pasado:  una de las historias más desgarradoras del panorama literario actual.

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2015 en libros

Si me siguen en Twitter, seguramente se habrán encontrado con un banal y evitable spam continuo sobre lo poco que había leído durante el año, sobre los muchos libros abandonados y la apatía lectora general que me mantuvo durante meses leyendo pocas páginas semanales. Puedo elaborar excusas más o menos creíbles, comentando mi primer año universitario como el principal argumento para hacerlas medianamente verosímiles. Pero no es el punto de esta entrada. Hoy, de forma concisa y, espero, certera, pretendo resumir mi año lector, organizándome en torno al formato más sencillo y popular de Internet: un top 5 de lecturas.

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Algunos libros que no lograron ingresar al top, ya sea por ser intrascendentes y contemporáneamente empalagosos como Lolito, de Ben Brooks; honestamente decepcionantes, como Bestiario de Julio Cortázar; o excesivamente sobrevalorados, como Seda de Alessandro Bariccio. Y en esta novela me quiero detener brevemente: meses después de haber tratado esta historia en una asignatura, centrada (y llamada) Narratividad de la ficción, sigo sin poder encontrar lo relevante y revolucionario en un libro que, si bien cuenta una linda historia que engancha con temas tan universales como el emprendimiento, el encuentro entre culturas y la traición amorosa, no presenta innovaciones en la prosa, la forma de hilvanar la trama o los personajes. Creo que es un libro despreciable cuya existencia no cambia mucho el panorama actual de la novela contemporánea, y no lo recomiendo sino como una breve lectura que puedes leer en un viaje en tren cuando GoodReads te anuncia que vas 8 libros detrás de lo planificado.

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Pero no todos los libros que quedaron fuera de la lista son malos. Algunos estuvieron a punto de ingresar, como El mapa y el territorio de Michel Houllebecq, novela sobre el arte con incursiones al ámbito metaliterario y policial, en el que aborda también sus temas favoritos: la sexualidad actual y el deterioro (a falta de una palabra mejor) de la moral y el pensamiento occidental; Sweet Tooth de Ian McEwan, una historia de espías y literatura durante la Guerra Fría, cuya intención metaficcional final me sigue persiguiendo; o La bofetada de Christios Tsiolkas, actual, ácida y brutalmente honesta, una novela coral que seguramente cuenta con el conjunto de personajes más variados, divertidos y odiablemente humanos que conocí este año.

Siendo estas últimas tres novelas increíbles, hay otras cinco que deseo destacar aún más. A continuación, mis mejores lecturas del año pasado.

Sobre The secret history hablé en su debido tiempo: un fantástico thriller psicológico contado en reversa, cargado de referencias a la cultura clásica y construido sobre sólidos personajes que deciden entregarse a un acto dionisíaco que acaba en tragedia. Brillantemente ejecutado por una notable prosista (algunos ejemplos en la reseña que escribí), esta novela no solo satisface el afán lector del mejor de los page turners, sino que puede ser disfrutada por los más exigentes lectores de ficción literaria.

De la siguiente novela no soy capaz de hablar sino con cierta torpeza. Sobre Mientras agonizo se han escrito tesis doctorales y textos completos, encontrando siempre nuevas dimensiones que destacar de esta intensa historia, centrada en la travesía de los Bundren, cargados con el ataúd de su madre en dirección al entierro que ella deseaba recibir. No solo impacta la fuerza filosófica de la prosa de Faulkner, acomodada a la sucesión de monólogos interiores que conforman este relato, sino la articulación de la trama que nos permite enterarnos de lo que sucedí en la familia antes de la tragedia, y cómo aquello que ahora optan por callar acaba por determinar su futuro.

Houellebecq vuelve a mi lista de mejores lecturas tras la brillante Ampliación del campo de batalla que tanto me impresionó el año pasado.  En Las partículas elementales, la demoledora historia de un biólogo molecular que ha optado por una vida ajena a la sexualidad y su hermano, un misógino profesor de literatura, se tuerce hasta alcanzar dimensiones futuristas. Muchas cosas se le pueden criticar a este autor: desde la forma en que se refiere a sus siempre similares personajes femeninos hasta la forma en que introduce el discurso expositivo en sus novelas, dando a veces la impresión de recitar crudos pasajes de Wikipedia; pero la intensidad y el pesimismo con el que arremete en contra de Occidente, empleando siempre una prosa cruda y extrañamente lírica, me maravillan en cada novela. Hasta cierto punto, podría afirmar que Houellebecq es mi Bukowski.

Diametralmente opuesto a Houellebecq está Jonathan Franzen, cuya última novela, Purity, ingresó a esta lista casi tan pronto como comenzó su lectura. Si me preguntaran quién es mi novelista vivo favorito seguramente diría, tras titubear y relegar a otros autores, quizá superiores, a un olvido momentáneo, Franzen. En Purity despliega su magnífica prosa en una historia que sorprende en cada capítulo (al estilo de los grandes clásicos del siglo diecinueve) con una trama elaborada y de contemporánea agudeza moral. Podría contarles sobre la trama y los temas principales que abarca, pero puesto que ya comenté algunas cosas sobre Purity en GoodReads me limitaré a indicarles un link.

Finalmente, concluyendo esta entrada, la mejor novela que leí el año pasado, una monstruosa y obsesiva creación literaria que indudablemente etiquetaría como una de las obras maestras de la literatura chilena: El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso. Excesiva en todos los niveles posibles, aquí se funden voces narrativas y narradores, hilos temáticos, sueños y grotesca vigilia, situando este enredo de imposible belleza en un convento pronto a ser demolido, cuya historia se escribe continuamente y se revela entre mitos y leyendas. El Mudito, uno de los narradores evidentes de este relato, nos cuenta los sórdidos vínculos familiares que acercaron esta casona a la Iglesia, y las artimañas que él y las viejas regentas planean para conservarla, incluyendo la ayuda de magia negra, chantaje y conspiraciones. A grandes rasgos, esa es la historia principal de esta novela, o la más radicalmente real. El resto es una continua inmersión en un mundo caótico y opresivo, grotesco y decrépito en sus pasajes más luminosos, y clarividentemente incomprensibles en sus partes más memorables. Abiertamente experimental y obsesiva,  simbólica y compleja, El obsceno pájaro de la noche es el tipo de novela que ofrece no solo múltiples lecturas sino que además invita a continuas relecturas. Pretendo visitar la Casa de la encarnación de la Chimba nuevamente este año, mientras continúo mi exploración del gran narrador de Chile.

Acabo en febrero el repaso de mis lecturas del año pasado. Hay cosas que nunca cambian, ¿no? Cuéntenme si han leído alguno de estos libros, o si dentro de sus lecturas del 2015 hay novelas tan destacables que merecen y necesitan ser recomendadas sin cesar. Y háblenme también de sus decepciones lectoras del año pasado. A veces, la mejor recomendación que podemos recibir es no acercarnos a ciertos bodrios.

‘The secret history’ de Donna Tartt

Uno de los méritos más importantes de The secret history es, a mi parecer, el desafío a los límites impuestos por muchos críticos para la ficción de género. Pese a que conocemos el crimen y a los asesinos en el prólogo, Donna Tartt apuesta por mantener el tono de relato de misterio a lo largo de una narración que, por momentos, se lee como una novela de campus o una incursión psicológica a la mente de personajes que, a priori, podrían parecer vacuos e irrelevantes. La prosa, por otro lado, no se limita a estos registros. Visuales y evocadoras, las descripciones de Tartt destacan ya sea que se enfoquen en el entorno del Hampden College, la institución en donde transcurre esta historia, o los conflictos que aquejan a los protagonistas. The secret history, de destacable riqueza, supone un debut impresionante para una escritora prolífica y joven que con solo tres novelas ya ha obtenido el favor de la crítica y el cariño y devoción de millones de lectores.

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When Richard Papen arrives at Hampden College in New England, he is quickly seduced by the rhythms of campus life- and in particular by an elite group of five students, Greek scholars, worldly, self-assured, and, ar first glance, highly unapproachable. Yet as Richard is accepted and drawn into their inner circle, he learns a terrifying secret that binds them to one another: a secret about and incident in the woods in the dead of a night when an ancient rite was brought to life. 

No es difícil explicar por qué Richard se siente inmediatamente atraído por el grupo conformado por Henry, Camilla, Charles, Bunny y Francis. La estabilidad de este grupo de jóvenes intelectuales dedicados a los estudios clásicos solo es opacada por el brillo de su riqueza y seguridad, todo lo contrario a lo que Richard, aún intentando descubrir qué quiere hacer con su vida, vivió con sus padres en una humilde casa en Plano. La belleza del conocimiento sobre la lengua y cultura griega, en una amalgama con la prosa que parece nutrirse de referencias y seducción cultural, arrastra a los personajes hacia algo que, como lectores, nos parece inevitable: el descontrol y la tragedia.

After all, the appeal to stop being, even for a little while, is very great, he said. “To scape the cognitive mode of experience, to transcend the accident of one’s moment of being.

¿Por qué deciden matar a Bunny? Esta es una de las preguntas que se intentan responder a lo largo de libro. El impulso juvenil, la falta de perspectiva que gobierna a estos personajes, parece contrastar con la mecánica frialdad con la que planean las coartadas después del crimen. Tan absortos se encuentran en este mundo que han logrado mantener a su alrededor, como se evidencia en el tratamiento de Tartt hacia Henry, la mente tras muchos de los planes de estos jóvenes, un estudiante capaz de traducir el alma de un texto griego y comentar milenios de historia antigua pero que, sin embargo, no sabía que el hombre había llegado a la Luna en el 69, que la violencia de la investigación o la irrupción de la prensa parecen desestabilizar la trama que han intentado urdir. La inocencia de Richard, en paralelo, resalta esta situación gracias a un interesante contraste.

“We don’t like to admit it,” said Julian, “but the idea of losing control is one that fascinates controlled people such as ourselves more than almost anything. All truly civilized people -the ancient no less than us- have civilized themselves through the willful repression of the old, animal self.”

Ya mencionaba que la novela juega con múltiples géneros, sin embargo, si tuviera que clasificarla, pese a que se lee con el apremio de un thriller y, básicamente, involucra un crimen, diría que se destaca en el estante de la ficción literaria, principalmente por la riqueza con la que Tartt desarrolla la historia. Su prosa es hermosa, la caracterización de los personajes es notable, y está controlada a lo largo de toda la novela para ofrecer contexto y profundidad para cada uno de los protagonistas. ¿Por qué limitarla a la ficción de género, obviando sus evidentes méritos literarios? Y aún más importante: ¿Por qué desconocer el mérito de muchas novelas enmarcadas en la ficción de género?

Hampden College, as a body, was always strangely prone to hysteria. Whether from isolation, malice, or simple boredom, people there were far more credulous and excitable than educated people are generally believe to be, and this hermetic, overheated atmosphere made it a thriving black petri dish of melodrama and distortion.

Es imposible no dejarse arrastrar por la historia, aunque a veces se sucedan múltiples coincidencias y azarosas situaciones favorables. En el mundo de Tartt, todo resulta plausible. Mantener el suspenso en una novela de misterio cuya incógnita se revela en el prólogo, y que muta de registro continuamente y con elegancia, resulta natural en Donna Tartt. Ya tengo ganas de leer el resto de su bibliografía que, para bien o para mal, solo se limita a tres novelas. En una entrevista, aseguró que se sentiría realizada escribiendo 5 libros. Si estas cinco novelas resultan tan destacables como The secret history, es posible que su nombre se inscriba en la selecta lista de autores que aunaron la ficción literaria con el entretenimiento de masas.

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4 / 5

‘Mr. Mercedes’ de Stephen King

Stephen King, maestro del llamado género de terror contemporáneo, cambia de registro una vez más para ofrecernos esta novela policial que intenta, a ratos casi desesperadamente, de alejarse de los tópicos del genero mientras se enriquece, simultáneamente, de sus detalles más característicos. Encontrarnos al autor intentando aventurarse en otros géneros no debe sorprendernos, sobretodo después de su última gran incursión en la ciencia ficción/novela de viajes en el tiempo/crónica histórica/historia de amor, 22/11/63, en la que contaba las peripecias de un profesor de Inglés que vuelve al futuro, específicamente a los años 60’s, para intentar evitar el asesinato a JFK. Tras semejante novelón, claramente tenía altas expectativas para Mr. Mercedes, novela que contaba con todos los elementos para ser una de las historias más interesantes del año, sin embargo, la poca originalidad (o evidente intento de originalidad) y el desperdicio que resultan ser algunos personajes acabaron por transformar este libro en una de las mayores decepciones de mi año lector.

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Mención especial a la perfecta portada.

Justo antes del amanecer, en una decadente ciudad americana, cientos de parados esperan la apertura de la oficina de empleo para reclamar uno de los mil puestos de trabajo que se han anunciado. Han hecho cola durante toda la noche. De pronto, invisible hasta que lo tienen prácticamente encima, un Mercedes surge de la fría niebla de la madrugada. Su conductor atropella y aplasta a todos los que encuentra a su alcance. Acto seguido, el coche da marcha atrás y vuelve a arremeter contra ellos. El asesino huye dejando atrás ocho muertos y quince heridos.Meses después, Bill Hodges, un policía jubilado, que sigue obsesionado con este caso sin resolver, recibe una carta anónima de alguien que se declara culpable de la masacre. Brady Hartfield vive con su madre alcohólica en la casa donde nació. Disfrutó tanto de aquella sensación de muerte debajo de los neumáticos del Mercedes, que ahora quiere recuperarla.Mr MERCEDES es la historia de una guerra entre el Bien y el Mal.

Bill Hodges, policía retirado e, inicialmente, anti-detective, decide desenmascarar al Asesino del Mercedes, quien en realidad es Brady Hartfield, un joven que vive con su alcohólica madre y, en una esperanzadora mañana de verano, mata a una muchedumbre de personas cesantes embistiéndolas con un automóvil, un Mercedes, robado. “Se me empinó como nunca en la vida”, le asegura Hodges en una interesante carta en la que lo invita a perseguirlo, a descubrirlo, en lo que será un simpático juego de “cazador-cazado” cuyos roles se pretenden invertir continuamente. Además de un montón de detalles escabrosos y algunos emojis ocasionales, la carta insiste en que el asesino no pretenden realizar más homicidios, no obstante, como ya nos imaginamos, el detective se entusiasma y decide investigar, en lo que será un caso con implicaciones personales y pintado con sentimientos de venganza, en un giro dramático que se prevé cien páginas antes de que suceda.

El dramatismo siempre se encuentra en dosis justas en las novelas de King. El maestro es un narrador nato, y sabe cuándo es necesario aderezar la historia con algo ligeramente más melodramático que el tono general. Siempre he valorado esa habilidad, aunque resulte en muertes doloras y devastadoras para el lector involucrado. Aquí, como se imaginarán, el giro que menciono tiene que ver con la muerte de un personaje, sin embargo, no se siente de la misma manera que en otras de sus historias, pues los personajes carecen del encanto y profundidad que caracterizan a las obras de Stephen King. Algunos parecen manchas difuminadas de tinta, sin límites apreciables o formas definidas; intentos creativos sin personalidad que limitan considerablemente esta novela. Y si bien entiendo que muchos de los detectives que viven en el mundo de la novela negra y policial comparten muchas características, en teoría mantienen una esencia personal irrepetible. Me imagino que Marlowe o Poirot, por mencionar algunos de los personajes mencionados en Mr. Mercedes, han logrado imprimir sus nombres en la literatura por sus avasalladoras personalidades, o por algo trascendente que los hace ser relevantes en el género. Bill Hodges es un personaje más en el montón de detectives que resultan ser protagonistas de no uno, sino tres o más libros en un género que puede impresionar con novelas magistrales o pasar desapercibido con novelas promedio como esta.

No es una mala novela, sin embargo. Entretiene y sirve para pasar el rato, pues la prosa de Stephen King resulta efectiva como siempre que narra una historia de misterio. El juego del cazador-cazado a ratos resulta entretenido, y aunque los esfuerzos por hacer que Brady tropiece, cometa el error que estamos esperando que cometa, y de que su perfil psicópata sea trillado y basado en un sinnúmero de clichés que van desde el sadismo indiferente a una tensa relación incestuosa con su madre, la historia logra mantenerse más o menos a un nivel de acción constante. Aunque decepcionante, la novela resulta ser material de recomendaciones: el libro que podrías llevar a la playa si deseas pasar la tarde leyendo un thriller liviano y al uso. Seguramente no permanecerá en tu memoria, ni constituirá un aporte al género, pero podrás disfrutarlo al igual que los cientos de thrillers que rotan en las listas de best-sellers. Su vaga originalidad podría jugar a tu favor si no eres asiduo a este tipo de historias.

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2 / 5

‘Condenada’ de Chuck Palahniuk

Palahniuk ha desarrollado una línea editorial muy particular: usando una fórmula original y efectiva construye historias con un alto contenido inusual. Es, además, uno de los escritores predilectos de los hipsters originales de este siglo, los cuales lo han encumbrado a las listas de más vendidos y a una categoría de escritor de culto. Con él mantengo una relación bastante positiva. He disfrutado mucho de sus novelas (menos con Snuff, mejor no hablemos de Snuff) y siempre logra arrancarme muchas risas. Principalmente eso fue lo que encontré en esta novela, una historia cargada de humor que me hizo reír y relajarme a partes iguales, sin embargo, creo que no pasa más allá de la típica originalidad del autor.

Hija de una estrella de cine narcisista y de un billonario, una Navidad Madison es abandonada en un internado suizo  mientras sus padres de dedican a impulsar sus nuevos proyectos y a adoptar huerfanitos. Entonces Madison muere por una sobredosis y lo siguiente que sabe es que está en el infierno rodeada de un variopinto grupo de jóvenes pecadores demasiado bueno para ser cierto: una animadora, un deportista, un empollón y un rockero punk. Unidos por el destino, Madison y sus colegas tendrán que atravesar el Desierto de Caspa y cruzar el Valle de los Pañales Desechables Usados para enfrentarse a Satanás en su ciudadela, y nada podrá detenerlos.

Madison es una adolescente que lee a las hermanas Brontë y vive en un mundo de lujos y dinero. Sus padres, una actriz de películas que hacen “correrse a los críticos” y su padre, un destacado empresario, la llevan por el mundo y de internado en internado, mientras ellos llevan una vida estructuradamente liberal llena de sabiduría oriental y comodidades de este siglo. Pero su existencia, lejos de ser una cómoda sucesión de momentos, se tensa por las típicas tribulaciones de los adolescentes: amor carnal por su hermanastro adoptado de África, experimentos casi sexuales con juegos que involucran la asfixia, críticas a los pares y problemas de autoestima; hasta que un día nuestra protagonista se encuentra en el infierno, aparentemente por una sobredosis de marihuana, y mientras respira el hedor del Valle de Pañales Desechables, recorre el río de Semen Desperdiciado o se topa con celebridades como Hitler o Normal Mailer, reflexiona sobre sus días de vida y lo agradable que resulta la vida en el Infierno.

La muerte es un proceso largo -dice Archer-. El cuerpo es la primera parte de ti que la palma. En otras palabras, a continuación tienen que morir tus sueños. Luego tus expectativas- Y por fin tu rabia por haber invertido toda tu puñertera vida en aprender cosas y querer a la gente y a ganar dinero, solo para que todo eso acabe básicamente en nada. Tu orgullo y tu vergüenza y tu ambición y tu esperanza, todos esos rollos chungos de Identidad Personal, pueden tardar siglos en expirar.

Llena de reflexiones efímeras, Condenada resulta entretenida siempre e interesante a ratos. En general, lo que me gusta de Palahniuk es su capacidad de enfocar temas usuales con una perspectiva…digamos transgresora, como en Nana, novela en la que desfila la necrofilia y los bebés muertos en una metáfora de la información y el periodismo, sin embargo, en Condenada, la fuerza reflexiva no es tal, y el autor se pierde en sus propios juegos. Intenta hacer una suerte de juego metaliterario hacia el final del libro pero creo que no acaba de cuajar con el resto de la novela. Esta historia es una trilogía, su segunda parte, Doomed, aún no traducida al castellano, continúa con el cliffhanger final. Si bien esta novela cuenta con una trama definida, no se advierte bien cuál es la trama de la trilogía en general. En ese sentido, siento curiosidad por saber qué sucede con Madison en la siguiente parte.

¿La gente todavía coge el sida? -dijo-. No os riáis, pero es que me parece tan…1989.

Mordaz y agudo como siempre, Palahniuk captura aquí toda la frivolidad y la espiritualidad barata de una generación. Nos revela cuál es la religión verdadera, quiénes van al infierno y cómo sobrevivir a él. En Condenada, Madison nos da tips sobre cómo atravesar con éxito nuestra estancia en la eternidad infernal. La novela se encuentra narrada en primera persona por ella, y si bien a veces resulta cansina su voz, en general el tono resulta simpático y calza con lo que el autor pretende criticar.

La mayoría de la gente se pone a tener hijos cuando se les empieza a agotar el entusiasmo por la vida. Los hijos nos permiten revisitar la emoción que antes nos producía, bueno…todo. (…), reproducirse es una inyección moral para que sigamos amando la vida.

Efectivamente, la eternidad pone en perspectiva a Madison y le permite reflexionar sobre su experiencia como hija y como hermana. Logra contactarse con los vivos a través de un centro de llamadas (otro dato del inframundo: las recepcionistas telefónicas hablan desde el infierno) y sufre la melancolía de la vida que acaba de abandonar. En general, esto también se trata de manera superficial, al igual que las críticas a la mentalidad liberal de este siglo, sin embargo, es gracioso.

Creo que este libro es para lectoras que ya conocen a Palahniuk. Para comenzar con su obra recomendaría títulos más demoledores como Fantasmas o El club de la lucha, no obstante, como novela de aventuras (incluso Y.A, digamos que por momentos se lee como una novela Y.A. ambientada en ríos de semen, literalmente, e imágenes grotescas e históricamente demoniacas) resulta entretenida y rápida de leer. Para pasar el rato y reír. Reír muy fuerte.

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