‘Sábado’ de Ian McEwan

Henry Perowne, el neurocirujano que protagoniza esta novela, no le otorga un valor especial a la literatura. “Y aún le interesa menos que le reinventen el mundo; quiere que se lo expliquen”, nos cuenta el narrador al comienzo del libro. Y parece una actitud adaptada también por el autor: lejos de los fantásticos vuelcos con que suele subvertir la estructura de sus novelas y las historias que cuentan (pensemos en Expiación u Operación Dulce, por ejemplo), Sábado resulta menos trepidante, evidentemente más reflexiva. Gran parte de la novela es una meditación sobre Gran Bretaña en los años posteriores al 11-S. La amenaza terrorista, que oscila entre lo abstracto y lo material; una multitudinaria manifestación en contra de la guerra de Irak; y la constante disyuntiva de las potencias mundiales entre el intervencionismo y un mediáticamente llamado aislacionismo conforman el escenario cultural por el cual transcurre la novela, en una única jornada, un Sábado que cambiará para siempre la vida de los personajes.

Una foto publicada por Pablo Guzmán (@pabloguzman13) el 7 de Feb de 2017 a la(s) 8:49 PST

 

La novela comienza con una visión apocalíptica, en la madrugada de un sábado. Henry observa, desde su ventana, un accidente aéreo. ¿Un ataque terrorista, quizá? Es un acontecimiento que lentamente se infiltra en la mente de Henry. Lo descoloca, de alguna forma; pero no inmediatamente: el día se anuncia lleno de actividades y su vida familiar aguantará, robusta, el comienzo de la jornada. El lector inmediatamente sintoniza con el punto de vista del protagonista: es un profesional de clase media alta, cuyas opiniones, por lo general liberales, encierran un conservadurismo bastante internalizado. El día sábado parece ser icónico de esta clase media liberal que analiza el autor, con sus esquemas de descanso naturalizados y sus presunciones de vida familiar. Henry personifica esto completamente, expresándolo en su forma de entender el mundo. “Hay gente bien conectada y organizada a la que le gustaría, para marcarse un tanto, matarle a él, a su familia y amigos”, opina. Una manera un tanto sesgada de considerar el asunto del terrorismo.

Pero McEwan es un escritor de múltiples recursos, y es poco probable que el protagonista se de conocer a sí mismo a partir de monólogos encadenados con gusto a columnas de opinión. Es una escena la que ofrece una caracterización bastante certera de un protagonista que, luego de haber presenciado por casualidad una catástrofe, parece desarrollar una consciencia de sí mismo que accede cada vez a niveles más introspectivos. Henry, en medio de una histórica manifestación popular en contra de la guerra de Irak, que deliberadamente intenta evitar, choca su auto. Y aunque su vehículo no resulta mayormente dañado, los ocupantes del otro auto no dejarán pasar el asunto. Henry se ve enfrentado a la delincuencia común, una amenaza más cotidiana y terrenal que sus divagaciones sobre el terrorismo. Hay tensión y rabia entre los involucrados, además de una sensación de honor herido. Y pese a que la escena termina en una parodia de un mal episodio de House MD diagnosticando a sus pacientes sin que ellos se enteren (un recurso que luego será aprovechado por el autor como un mecanismo que hará avanzar la historia hacia su conclusión), el momento captura notablemente a un Henry que, tras la impresión de haber visto al avión incendiándose, se ve enfrentado a una impresión más concreta que parecerá afectarlo de forma más terrenal.

Es este el personaje que conduce la carga reflexiva de la novela. Su voz seria, que por momentos parece encarnar todos los estereotipos del médico que ve su persona indistinguible de su profesión, también permite la irrupción de irónicos comentarios: “El mundo entero se asemejaba a la habitación de Theo. Se necesita de una especie de adultos extraterrestres que arreglen el desorden general y luego acuesten temprano a todo el mundo”. El narrador salpica la novela de alusiones a neurotransmisores, mecanismos moleculares subyacentes a las emociones del protagonistas y terminología médica, lo que podría llegar a resultar cansino para ciertos lectores. Y aunque en ocasiones se sienta innecesario, en general refuerzan la verosimilitud del punto de vista adoptado durante la novela.

El día prosigue, gravitando hacia la cena que oficiarán los Perowne **, con el quizá no tan implícito fin de reconciliar a su hija (su opuesto en cuanto a opiniones políticas y valorización del arte y la cultura) con su abuelo, un poeta laureado cuya actitud, empeorada por el alcohol, ocasionó la ruptura familiar que Henry pretende arreglar. Esta reconciliación de la familia, unidad fundamental de la sociedad para Henry, potencialmente podría reestablecer el orden de este estructurado mundo urbano cuya estabilidad social y cultural el protagonista ha visto perturbado.

La forma en que estos cambios son percibidos por las personas también parece ser una preocupación del autor.

 “Perowne cambia de postura para no ver la pantalla. ¿No es posible disfrutar de una hora sin esta invasión, esta infección del ámbito público? (…) Tiene derecho, de vez en cuando, como todo el mundo, a que no le perturben los sucesos del mundo, ni siquiera lo que ocurre en la calle. Mientras se sosiega en el vestuario, le parece que olvidar, eliminar un universo entero de fenómenos públicos como objeto de concentrarse en otra cosa constituye una libertad fundamental. LA libertad de pensamiento”.

Y el efecto que la comunicación de estas perturbaciones tiene en la gente también:

“Es una característica de los tiempos, esta compulsión de saber cómo está el mundo y de sumarse a la generalidad, a una inquietud comunitaria. (…) Todo el mundo le teme [a un ataque terrorista], pero también hay un anhelo más oscuro en la mente colectiva, una repugnancia al autoflagelo y una curiosidad blasfema. (…) Más grande y más brutal la próxima vez. Por favor, que no suceda. Pero déjame verlo de todos modos, como está sucediendo y de todos los ángulos, o que yo sea de los primeros en hacerlo”

Hay una superficialidad casi obscena en esta forma de ser parte del contexto nacional, como si se viera estando en un plano diferente. Henry opina, porque se informa, consciente de la perversión compulsiva con la que se presentan las tragedias en los medios. Parece haber un círculo vicioso que lo lleva a opinar desde un sesgo que lo impulsa a actuar (o a no hacerlo), pero que lo devuelve a aquello anterior a la opinión. Hacia el final de la novela hay una reflexión que encierra gran parte del pesimismo y la hipocresía del asunto:

“Qué lujo esto de arreglar el mundo en la cocina de casa, las iniciativas geopolíticas y la estrategia militar, y no tener que dar explicaciones a los votantes ni a periódicos ni a amigos ni a la historia”.

Sin embargo, esto no debe leerse como una crítica peyorativa del diálogo cotidiano, sino como una reflexión sobre la forma en la que el contexto político-internacional se infiltra en la realidad cotidiana de una clase media liberal que ha desarrollado patrones de acción y discusión. Y si esta posición en la que se encuentra es una consecuencia de este modelo en el cual potencias mundiales discuten y se reparten los destinos del mundo o es una tuerca necesaria para que dicho modelo continúe en movimiento, quizá no es objetivo de la novela responderlo. Pero da la impresión de que es una reflexión que McEwan quiere permitirle al lector.

 Si bien Sábado no es de los mejores trabajos del autor, es puro McEwan. Hay una tensión, incluso bajo la superficie de las partes más reflexivas de la novela, que obliga a leer con interés y emoción la forma en que se desenvuelve la historia. Aquí la trama, que avanza con lentitud, puede parecer sencilla, pero es un dispositivo finamente estructurado que permite el discurrir fluido de una reflexión exhaustiva sobre nuestros días. McEwan es un narrador fantástico. Desde la sugerente visión del avión en llamas al vuelco dramático al final de la novela (un recurso recurrente en sus historias), Sábado se lee con una avidez inusitada para lo que puede parecer: una crónica de un día en la vida un hombre común que ve cómo los conflictos políticos y sociales se infiltran en la inmediatez de su realidad cotidiana.

3.5 / 5

**¿Podrían haber paralelismos entre Sábado y La señora Dalloway, de Virgnia Woolf? Es difícil establecerlo. La importancia de la celebración como culmine de la jornada y las opiniones del protagonista sobre la realidad nacional de época podrían ser argumentos a favor.

Man Booker Prize 2015

El reencuentro del Comité de libros chungos solo podía acabar en una cosa: una lectura conjunta extravagante y de descarada ambición. Ya había sucedido con El arco iris de la gravedad y The luminaries, y hoy, siguiendo la línea de esta última novela, acordamos leer la long list del Man Booker Prize de este año. ¿Los motivos? Además de una esquizofrenia lectora y la incapacidad patológica a decir que no frente a desafíos lectores, está la tentativa de proponer al ganador de este importante premio. ¿Acertaremos con nuestras predicciones?

Los invito desde ya a sumarse a alguna de nuestras lecturas. A continuación, los libros que leeremos cada uno de nosotros.

Sara, de El papel amarillo 

collage sara

Alex, de Novelas y otras historias

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Sub_zero, de Generación Reader

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Pablo, de Blog del lector empedernido

collage pablo

Para más información sobre el Man Booker Prize de este año, haz clic aquí.

Pueden seguir el progreso de la lectura usando el muy-acertado-hashtag .

¿Nos acompañan en nuestra épica empresa?

Un semestre de pocas lecturas

Yo solía leer. Hace un par de años leía y comentaba diariamente, me quejaba sobre los libros que no me gustaban y recomendaba encarecidamente aquellos que disfrutaba. Solía escribir aquí, respondía comentarios y de vez en cuando me contactaban editoriales. Era divertido, liberador, me permitía compartir sobre aquello que más disfrutaba. Lentamente, no obstante, dejé de seguir a otras páginas, un alto y homogéneo porcentaje de blogs cuya estética y temática resultaba repetitiva. Twitter me bastaba para enterarme de la opinión de las personas que me interesaban, y me permitía expresarme someramente. Hay veces en las que no hay mucho que comentar sobre una lectura, por mucho que nos guste, y si decidimos extendernos en una reseña las palabras salen atropelladamente, con un patrón que cambia entre el comentario pseudointelectual y la crítica jovial de un lector ameno pero culto. Comencé a preferir GoodReads, a escribir reseñas cada vez más breves y concisas, hasta que eventualmente me limité a 140 caracteres. Mi ritmo de lectura, paralelamente, se reducía hasta la inexistencia.

Imposible no recordar esta gloriosa escena.
Imposible no recordar esta gloriosa escena.

Tras las pruebas de ingreso a la Universidad (PSU, en mi país) pensé que aprovecharía de leer todo lo que no había podido durante el último mes en que preparé conscientemente los exámenes. La expectación casi patológica solo me permitió acarrear El arco iris de la gravedad, leyendo párrafos sin retener realmente lo que estaba sucediendo, hasta que se revelaron los resultados y formalicé mi matrícula. Leí tres libros antes de comenzar las clases. En retrospectiva, creo que debería haber aprovechado mejor el tiempo. Lógico, siempre pensamos eso cuando pensamos en lo que hicimos. Todo es corregible, todo podría haberse hecho de otra forma, todo podría haber sido mejor. Pero leí buenos libros, que comentaré más adelante.

Durante el semestre la escasez de literatura fue radical. Comencé y abandoné (nuevamente) Los detectives salvajes, dejé sin terminar un libro de Roth y uno de cuentos de Donoso, me detuve en medio de The secret history y leí 800 páginas de oscilante acción en Danza de dragones. Ahora, en vacaciones de invierno, pretendo terminar esos libros. Los estaba disfrutando, pero no me encontraba en el estado mental para terminarlos. Absorto en la vida académica universitaria, ordenando mis horarios y aprendiendo a hacer un espacio en mi día para todo lo que quería hacer, aparté la lectura literaria hasta que me hubiese estabilizado. Ahora, al terminar exitosamente mi primer semestre en Bioquímica, creo que podré organizarme mejor en los próximos meses. Quiero leer. Veo el estante de pendientes y quiero pasar por todos ellos. Quiero pensar en la prosa de Pynchon mientras memorizo el nombre de ciertas enzimas notables.

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Les decía que pude leer pocos, pero buenos libros este semestre. Comenzando por La naranja mecánica, de Anthony Burgess, una novela lingüísticamente extravagante y demoledora. Sin haber visto la adaptación de Kubrick, conocía más o menos las líneas generales de la historia, un clásico contemporáneo tanto en el cine como en la literatura: la historia de Alex y sus camaradas drugos, sus andanzas ultraviolentas en una sociedad corrompida por la sordidez moral. Narrada con una mezcla de palabras coloquiales y nadsat, dialecto inventado por el autor, la novela se lee con frenesí e impacto. Eso es lo que más rescato del libro: la brutalidad de la historia impacta por su trascendencia y estilo. La visión de Burguess respecto a la madurez me ha interesado particularmente, y creo que conocer este libro en la juventud puede resultar en una experiencia provechosa.

Diametralmente opuesta a La naranja mecánica se encuentra la primera publicación literaria de Lena Dunham, directora, guionista y protagonista de la serie Girls, absolutamente recomendable, por cierto. En Not that kind of girl, Lena nos presenta múltiples ensayos personales escritos con un estilo fresco y simpático, abarcando los temas que ya había presentado en Girls desde la misma perspectiva. La voz de alguien que se ha aceptado y conocido a sí mismo tras intensas sesiones de terapia nos habla sobre el cuerpo y las dietas, las relaciones y el amor, aderezando el texto con anécdotas y referencias culturales. Divertido y honesto, también recomiendo este libro.

Si Lena Dunham es la amiga con la que todos querríamos compartir unos tragos, Houellebecq es el viejo demoledoramente deprimido y sabio al que desearías escuchar para soportar y aprender de sus tétricos comentarios sobre el estado de la sociedad occidental. Me encantó Ampliación del campo de batalla, me gustó aún más Las partículas elementales, una historia perturbadora en la que la sexualidad y el origen de su despertar contemporáneo, la física de partículas, la interdisciplinariedad de las ciencias y la vida de dos hermanos, Michel, biólogo molecular alejado completamente de la actividad carnal, y Bruno, un profesor de literatura misógino y racista, componen una visión trágica de la decadencia occidental y el alzamiento de una nueva era.

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Bestiario, una entretenida colección de cuentos de Julio Cortazar, cumple con presentar piezas interesantes y, en general, emocionantes de leer. Aquí se explican las referencias de muchos hipsters de Twitter: el vómito de conejos blancos o la casa tomada. Si bien me gustó, creo que no es tan impresionante y pirotécnico como Todos los fuegos al fuego. No es mucho lo que puedo comentar: la calidad de los textos de Cortázar es por todos conocida.

The fifth child, seguramente la novella más famosa de Doris Lessing, resultó ser una emocionante y rápida lectura de interesantes implicaciones sociales. El monstruoso quinto hijo gestado durante el idílico matrimonio de Harriett y David Lovatt los obliga a replantearse su situación de padres en una sociedad fríamente oscura, que contrasta con la violencia que encarna su hijo. Pese a que esperaba más de esta novela, me pareció un notable acercamiento a la obra de Lessing, por lo impresionante de su contenido y la brevedad con que está planteada.

Lolita, de Vladimir Nabokov, es una de las obras más magníficas jamás escritas; Lolito, no. Aunque goza de una actualidad tremenda y aborda, de forma muy superficial, por lo demás, y aunque quizá esa haya sido la intención del autor, no creo justifique la simplicidad del texto, los dilemas y problemas de nuestra joven generación, por ningún motivo logrará convertirse en un clásico. Etgar, un chico de quince años que pasa sus días entre exploraciones sexuales, drogas y referencias indies, conoce en un chat sexual a una mujer, Macy, con quien entabla una relación. El juego de identidades virtuales y reales, y los problemas generados en ambos mundos, sirve excusa para intentar componer el retrato de una generación, un objetivo ambicioso que no se logra concretar. Al menos es amena y rápida de leer. Gracias, Ben.

La última novela que logré terminar durante el semestre es Lunar Park, de Bret Easton Ellis, la mente detrás de American Psycho, una de mis mejores lecturas del año pasado. Aquí nos encontramos ante un texto abiertamente polémico, el intento del autor por jugar con su biografía y presentarse bajo capas y capas de ficción, contando una historia familiar, los acontecimientos ocurridos en su disfuncional familia luego de que los personajes de sus novelas se abrieran camino hasta nuestro mundo. Sin misericordia, el autor describe la degenerada vida de los suburbios, el diálogo de niños atragantados en Xanax y las consecuencias de su meteórica fama como joven novelista. Con una atmósfera sobrenatural que recuerda a los mejores libros de Stephen King, Easton Ellis repasa, como en American Psycho, la sociedad norteaméricana en todo su cínico y plástico esplendor. Más moderada que sus anteriores trabajos, pero quizá más controlada, Lunar Park ofrece momentos emotivos y demoledores, combinando escenas de irónica vida familiar y alocada juventud, con las reflexiones que solo Bret parece capaz de hacer.

Finalmente les comento que veinticuatro horas atrás terminé El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso, pero esa novela necesita de una entrada individual para poder presentarla junto a todos los adjetivos que logre convocar. Una novela monumental de lectura obligatoria, sin duda.

Y ustedes, ¿han logrado leer lo que esperaban en esta primera mitad del año?

Dewey’s 24 hour Read-a-Thon

Hace unas horas Isi, de From Isi, avisó por Facebook que mañana se realiza una nueva versión de este legendario maratón de lectura, y, justo a tiempo, me apunté para participar. Las instrucciones son sencillas: inscribirse aquí y leer lo máximo posible durante 24 horas. En esta entrada iré subiendo las novedades durante el día, junto con los libros que planeo leer. ¡Anímense a participar!

Deweys

10 opiniones sobre Matar a un ruiseñor

¡Termina la primera lectura conjunta del Man Pulitzer Book Award Project! En esta ocasión leímos la popular novela Matar a un ruiseñor, ganadora del Pulitzer y única novela publicada por Harper Lee. Quise hacer algo diferente para comentar esta novela, y se me ocurrió presentar 10 breves puntos que pensé al leer esta historia.

  • Matar a un ruiseñor es una novela que puede ser disfrutada por adultos y niños, amantes de la literatura y personas que comienzan a acercarse a la narrativa.
  • Esta obra debería ser de lectura obligatoria en colegios. En algún momento del desarrollo escolar los jóvenes deberían toparse con esta historia.
  • El mundo interior de los niños ofrece una oportunidad única para entender el mundo exterior de los adultos.
  • La voz de Scout es perfecta para este tipo de historias, cuenta desde la inocencia y el descubrimiento de la infancia una historia del crudo mundo adulto: el racismo, la discriminación, la justicia, son los tópicos principales que esta niña intentará comprender a través de estas páginas.
  • Atticus Finch es abrumadoramente buena persona y debería ser un ejemplo a seguir para abogados, profesionales de gobierno y cualquier persona que requiere ejercer la justicia ante los demás.
  • Harper Lee debería dedicarse a escribir un libro de pensamientos cotidianos. Sus reflexiones sencillas en apariencia, y tremendamente citables, reflejan un profundo conocimiento del alma humana.
  • Hay gente miserable en este mundo.
  • Hay gente maravillosa en este mundo.
  • La gran literatura americana no es una forma de exaltar a los Estados Unidos, sino la única manera que existe de retratarlo tal y como es, con su miseria y su grandeza.
  • La literatura no es solo una forma de entender al ser humano y su interior, sino también para comprender una época. El mejor registro histórico y cultural de la mentalidad de un siglo o de una década es la literatura; y además de permitirnos ver qué está sucediendo, nos ayuda a reflexionar y cambiar la historia.

Y ustedes, ¿han leído Matar a un ruiseñor? ¿Han visto la película? Es interesante el fenómeno que significó este libro en la cultura americana, además del impacto en la cultura occidental en general. Ciertamente recomiendo su lectura, me pareció un libro precioso que seguramente disfrutarán si se animan a leerlo. Les dejo la reseña de Gecko Books, y si desean conocer las impresiones de los otros participantes de la lectura pueden revisar #LeerUnRuiseñor en Twitter.