Nadar desnudas, de Carla Guelfenbein

Una novela diferente, que me cautivó de principio a fin. 
Descubrí la novela luego de que me invitaran a la firma de libros de esta escritora. Sin más precedente que un comentario del nobel JM Coetzee, en la contraportada, me arriesgué con esta escritora nacional alabada por la crítica internacional. Finalmente, todo resultó de maravillas. Disfruté con esta novela, y apunté el nombre de una narradora chilena para futuras lecturas.
 
Sobre Carla Guelfenbein 
 
Nació en Santiago de Chile y vivió once años en Inglaterra. El revés del alma, su primera novela, fue publicada en España y Latinoamérica con gran acogida por los lectores. También es autora de La mujer de mi vida (2005), novela que ha sido traducida a quince lenguas y publicada por algunas de las más destacadas editoriales europeas, y El resto es silencio (2008) 
 
Biografía Alfaguara
NADAR DESNUDAS se centra en la poderosa amistad entre Sophie y Morgana, dos chicas que, pese a ser distintas, comparten muchas cosas en común, sobretodo el gusto por el arte; se complementan, se quieren mucho, y lentamente comienzan a crear un mundo de códigos propios, que creen será eterno y las protejerá del mundo. Sin embargo, Shopie guarda un secreto; Morgana también, y este será el que destruya muchas cosas. Porque Morgana está enamorada del padre de Sophie, perdidamente enamorada, y cuando Sophie, atrapada en medio, descubra lo que une a su amiga y a su padre, sentirá que su mundo se tambalea. 

Diego, el padre de Sophie, es un hombre culto, de mundo, conocedor de la política internacional, y podeedor de un fuerte ideal de izquierda. Llega a Chile precisamente por eso, destinado a apoyar al electo presidente Salvador Allende. La historia le jugará una mala pasada: luego del golpe de estado de Septiembre de 1973, quedará fichado como persona peligrosa, y lejos de desear retroceder en su pensamiento, seguirá en “la lucha” contra el poder. 


Esa es una mitad de la historia. 

La segunda mitad se centra en la historia de una Sophie realizada en Francia. Artista plástica de prestigio, vive en una soledad tanto interior como exterior, que parece llegar pronto a un final: otro 11 de Septiembre que marcó su historia (el atentado a las Torres Gemelas) le traerá recuerdos de su pasado. Decide entonces abrir las viejas heridas, las cuales nunca llegaron a cicatrizar. 

No quiero ahondar mucho más en la trama, pues estoy seguro de que la disfrutarán muchísimo si llegan a descubrirla. 


La prosa de Carla Guefelbein es distinta, delicada y seductora; eso es un mérito enorme, porque abrir un espacio en el panorama literario internacional imponiendo un estilo de narración propio solo resulta si se tienen grandes dotes de narrador (a), los cuales quedan más que claros en Nadar desnudas. Y es que la escritora desarrolla la historia a través de un cúmulo de delicadas imágenes que hacen sentir muchas cosas al lector. 

De pronto, Diego la estrecha con fuerza. Se intensa cercanía la estremece. Levanta el rostro y al mirarlo a los ojos reconoce en ellos su mismo asombro. Morgana nota que, a pesar de la desgracia y el miedo que los acecha, en su abrazo está contenida la felicidad que se brindan el uno al otro. Entonces, se pregunta si acaso este momento no será el más feliz de su vida. Tal vez se trata simplemente de decirse a uno mismo: sí, este es el momento más feliz de mi vida, una convicción que al asentarse se abre a otros instantes venideros, aún más felices. Aunque quizá se trate de lo contrario. Al atrapar el momento con un rótulo como ese, se inviste con una luz que ingún otro podré equiparar. Es posible entonces que la única forma de proteger la felicidad sea ignorándola.

Como pueden ver, su estilo es bastante depurado, sensible y, a la vez, sobrio, sin adornos baratos.

Los personajes están claramente perfilados, para bien y para mal. ¿A qué me refiero con esto? Simplemente a que, a través de la historia, conocemos las bondades de cada uno, sin embargo la trama misma se encargará de mostrarle al lector las profundas fisuras que tienen. Sophie es la protagonista en ese aspecto.  Su aspecto emocional un tanto débil, muchas veces eclipsa su temperamento.

Nadar desnudas además nos presenta un momento muy delicado del acontecer nacional, específicamente los momentos posteriores a este. Me refiero al Golpe Militar de 1973, el cual se interpondrá entre Morgana y Diego. Lejos de entregar párrafos y párrafos sobre el Golpe y sus consecuencias, la escritora deja que la historia hable por sí misma. Seremos testigos de momentos draméticos, perfectamente logrados, que nos harán sufrir por los protagonistas.

La trama está muy bien desplegada, sin embargo, si tuviera que criticar un punto específico, este sería la brevedad de la segunda parte del libro. No sé si será “breve”, pues en cuanto a páginas no se queda a atrás, considerando también que Nadar desnudas no es una novela larga. Se podría haber explotado más ese lado de la historia, pues, luego de todo el desarrollo que observamos en Sophie, se espera algo más tumultoso o contundente para el final. No sé si precipitado será la palabra, tampoco quiero decir que no me gustó el final, que resulta ser ideal, no podría ser otro, sino que siento que desentona un poco.

Recomiendo no dejarse llevar por la etiqueta que encasilla a este libro como “lectura de mujeres”, pues claramente hombres también gozarán mucho de esta lectura. Quizá la explotación mayoritaria del lado femenino de la historia justifique en parte ese apelativo, sin embargo atrapar a las novelas de esa forma no me convence. ¿Cuál serían las novelas para hombre, en ese caso?

En resumen, Nadar desnudas es una historia que retrata a la perfección tanto la época como a los personajes. Con una escritura delicada, prolífica, y muy personal, la escritora teje una trama sin que el lector lo note, para encantarlo hasta llegar al momento final, en que Sophie tendrá que decidir qué hacer con su recuerdos y su historia.