Todos los hermosos caballos, de Cormac McCarthy

Todos los hermosos caballos.

Me prometí a mí mismo no comprar más libros por un tiempo, principalmente porque iré a España por dos meses y medio a partir de Diciembre, y todos los ahorros son para arrasar con las librerías de allá. Sin embargo, cuando fui a la Feria del Libro Internacional de Santiago, y me paseé por los stand editoriales, supe que no iba a cumplir mi promesa. La trilogía completa de Cormac McCarthy, en tapa dura, apareció en un estante y no pude sino tomarla y comprarla de inmediato. Me gusta mucho ese autor, aunque solo he leído de él dos novelas: La carretera y No es país para viejos. Esta trilogía tiene muchísimas críticas positivas, ha ganado varios premios y es considerada como un hito en la novela norteamericana. Comencé, entonces, esta historia, lleno de altas expectativas, las cuales no se vieron colmadas del todo.

Título: Todos los hermosos caballos (En la Frontera 1)
Autor: Cormac McCarthy
Editorial: Mondadori
Páginas: 310 + 10 páginas con la lista de títulos de la editorial.
ISBN: 978-84-397-2143-7

Argumento

Ambientada en 1949 en las tierras fronterizas entre Texas y México, la historia se centra en el personaje de John Grady Cole, un muchacho de dieciséis años, hijo de padres separados, que tras la muerte de su abuelo decide huir a México en compañía de su amigo Lacey para encontrarse con un mundo marcado por la dureza y la violencia. Una novela de aprendizaje con resonancias épicas que inaugura un paisaje moral y físico que nos remite a la última epopeya de nuestro tiempo. Un estilo seco para una historia de emociones fuertes, ásperas, primigenias.

Impresiones

Lo primero que comentaré es que me gustó más el estilo de McCarthy que la historia en sí. No soy un seguidor particular de las historias western, y pese a saber que McCarthy escribe muchos libros así me lancé con esta trilogía, ya de culto en todo el mundo. La historia se inicia de forma bastante extraña, y cuesta un poco entender de qué va si no se ha leído antes la sinopsis. Al menos, en mi caso, tardé en poco en engancharme. Luego descubrí que el abuelo de John Grady se había muerto, que su madre quería vender su amada granja, y que las relaciones con su padre ya no daban más; cuento corto, decide largarse a la vida. Sin embargo, son pocas las cosas que se lleva consigo: un poco de dinero, una camisa limpia, y un maletín con cosas de afeitar, como navaja, espuma y brocha. Desde ahí sabemos que lo que planea John Grady es convertirse en adulto. Ya tiene 16 años, y desea tomar sus propias decisiones. Lo acompañará en su viaje su amigo Lacey, también con ciertos problemas familiares, y juntos descubrirán la crudeza del mundo.

En el camino conocerán a un joven de 13 años llamado Blevins, que los acompañará por largo tiempo. Sin embargo el destino, o las circunstancias, se encargarán de separarlos, y de volverlos a juntar nuevamente.

John Grady y Lacey, en la adaptación cinematográfica.

No conecté con la historia. Creo que es pertinente dejar eso en claro. Los personajes no me gustaron, ni John, ni su amigo, ni la chica del primero, ni el padre de esa chica, ni Blevins, ni los caballos. Odio los caballos. Bueno, no los odio, pero tampoco son de mi agrado. Probablemente más de alguno de ustedes se preguntará por qué demonios seguí adelante con un libro del que no disfrutaba ni con los personajes, ni con la trama. La respuesta es sencilla: el autor. Los que han leído algo de Cormac McCarthy saben que es muy especial. Tiene un estilo muy seco, de pocas palabras, pocos (y duros) diálogos, y atmósferas agobiantes. Sus historias son siempre muy poderosas, sin embargo su forma fría, casi indiferente, de narrar, constituyen una combinación ganadora. Es por esto que seguí la lectura. Me gusta McCarthy, y quería seguir escuchando lo que me tenía que decir.

Perdí los dedos en un accidente de caza, digo. En el tiro al pichón. El cañón derecho explotó. Yo tenía diescisiete años. La edad de Alejandra. No es nada bochornoso, pero la gente es curiosa. Es natural. Adivino que la cicatriz de tu mejilla se debe a un caballo.
Sí, señora. Fue culpa mía.
Le observó, no sin simpatía. Sonrió. Las cicatrices tienen el extraño poder de recordarnos que nuestro pasado es real. Los sucesos que las causan no se pueden olvidar nunca, ¿cierto?

El estilo de McCarthy es un cúmulo de simbolismos disfrazados. Es muchas veces triste, nostálgico, en tonos sepia y escala de grices. Me gusta que el autor sea audaz por naturaleza a la hora de narrar, y que no se limite a seguir los cánones, o las reglas. Es único, definitivamente.

Otro punto bastante destacable en McCarthy es la capacidad de establecer diálogos parcos y potentes, de pocas palabras y mucho contenido. A veces, en lo personal, me suenan poco reales. La forma dura y sabia de hablar de, por ejemplo, estos protagonistas no acaba de convencerme. Es como si una luz de sabiduría los iluminase cuando tienen que hablar. Menos mal Blevins no dice muchas cosas “así de poderosas”, porque ahí sí que habría sonado bastante extraño.

¿Has pensado alguna vez en la muerte?
Sí. A veces, ¿y tú?
Sí, a veces. ¿Crees que existe un cielo?
Sí. ¿Y tú no?
No lo sé. Quizá sí. ¿Crees que puedes creer en el cielo si no crees en el infierno?
Creo que puedes creer lo que quieras.
Rawlins (Lacey) asintió. Piensas en todo lo que puede sucederte, dijo, y no tiene fin.

Todos los hermosos caballos es una novela de aprendizaje, de crecimiento, del paso de niño a hombre. La búsqueda de conocimiento escencial que permite pasar de la niñez a la adultez es, quizá, el motor de muchos momentos de esta novela. Los personajes serán obligados a pasar por muchas pruebas y momentos difíciles.

Va a morir, dijo.
Dejaremos que Dios lo decida. Vámonos.
¿No teme a Dios?
No tengo motivos para temerle. Incluso hay una o dos cosas que debo discutir con Él.
Debería temerle, dijo el capitán. Usted no es un agente de la ley. No tiene ninguna autoridad.

Creo que aquí McCarthy quiere ejemplificar la crudeza del mundo real. Porque, en el fondo, los niños no están expuesto a la verdadera violencia del mundo, y cuando se despiden del hogar de los padres deben hacerle frente con armas propias.

La frontera.

La novela también se refiere a la sociedad de los años 50, tanto en Estados Unidos y en México. En algunos momentos, sobretodo los alusivos a la relación que mantienen John Grady y Alejandra, se evidencia el machismo del país latinoamericano. El papel de la mujer se limitaba a estar encerrada en la cocina, cocinando y limpiando, mientras el hombre de la casa manejaba la hacienda, junto a otros hombres. Alejandra, en cierta forma, quiere escapar de ese destino. Está estudiando para ser alguien más.

¿Qué quiere que haga?, preguntó.
Quiero que seas considerado con la reputación de una muchacha.
Nunca fue mi intención no serlo.
Ella sonrió. Te creo, dijo, pero debes comprenderlo. Esto es otro país. Aquí la reputación de una mujer es todo lo que tiene.

La precisión en la prosa del autor eleva inmediatamente cualquiera de sus textos a otro nivel. Tiene frases para leer, releer, y releer otra vez, porque siempre les encontramos más significados. A este punto, es difícil esconder la admiración que siento por este eremita de la literatura norteamericana.

Conclusión

Si la trama me hubiese encantado, la novela sería perfecta para mí. Sin embargo, y aquí un comentario muy personal, los personajes no terminaron de convencerme, ni me agradaron. Si no fuera porque me gusta la forma de narrar de McCarthy no habría seguido adelante. No obstante, no puedo negar que se trata de una obra increíble y poderosa, emocionante, fría, sabia, profunda y violenta. Totalmente recomendable para los amantes del western, y para los seguidores de McCarhty. Me llama muchísimo más la siguiente parte de la Trilogía, En la Frontera, porque tiene otros personajes y otra historia central. En el libro final, se juntan los personajes de los dos libros anteriores. En orden de publicación, las novelas son: Todos los hermosos caballos, En la frontera y Ciudades en la llanura. Sin embargo, cronológicamente, En la Frontera es la primera.

Valoración

4

 

Aclaración: la valoración es en base a un máximo de 5 puntos. Mientras no consiga una barra de puntuación, tendré que escribir solo el número. 

No es país para viejos, de Cormac McCarthy


Este libro surgió de un impulso, de una casualidad, o quizá de algo menos fortuito. Tenía ganas de leer algo más de McCarthy después del gran encuentro que tuve con él en la lectura de La Carretera, así que cuando vi el ejemplar de No es país para viejos solo, solo en el estante de la librería, no dudé en comprarlo. No me equivoqué con esta compra. Las expectativas iban muy altas, y se cumpliero con creces, sobretodo hacia el final de la novela. Al igual que en la reseña anterior, comenzaré mostrando una breve biografía del autor.


CORMAC MCCARTHY (1933) nació en Rhode Island, Estados Unidos. Las circunstancias de su biografía se hallan envueltas en la leyenda: no concede entrevistas, se dice que vivió bajo una torre de perforación petrolífera y que en su juventud llevó la vida de un vagabundo. Considerado como uno de los más importantes escritores norteamericanos de la actualidad, la publicación en 1992 de Todos los hermosos caballos, ganadora del National Book Award, lo reveló como uno de los autores de mayor fuerza de la nueva narrativa norteamericana. Su éxito, de crítica y público, se vio incrementado con la publicación de En la frontera y Ciudades de la llanura, que completan la llamada Trilogía de la frontera. Otras de sus obras son Hijo de Dios, Meridiano de sangre, El guardián del vergel, Suttree, No es país para viejos y La carretera.

Cormac McMarthy es otro de los grandes vivos de la narrativa norteamericana. Este año he comenzado a adentrarme en esta corriente literaria, con una sonrisa en la boca. He descubierto grandes autores, como Roth, o Auster, o el mismo McCarthy, y me agrada la perspectiva de que tengo mucho aún por delante. En este contexto decidí leer No es país para viejos. 

El cazador y veterano de Vietnam Llewelyn Moss descrubre por casualidad la sangrienta escena de una carnicería entre narcos en algún lugar de la frontera entre Texas y México. Entre los cuerpos y los paquetes de heroína, descubre también algo más de dos millones de dólares. A partir de este momento comienza la violenta carrera de Moss por escapar de los que quieren darle caza: Wells, ex agente de las Fuerzas Especiales contratado por un poderoso cartel; Antón Chigurth, una implacable máquina de matar, para quien recuperar el dinero de sus jefes es apenas la excusa para descargar una y otra vez su arma y poner en práctica su máxima: no dejar nunca testigos; y un sheriff veterano de la segunda guerra mundial que añora los buenos tiempos y esconde un doloroso secreto que lo mantiene vivo. El resultado es una novela que es “mucho más que un thriller corriente” (Time Magazine) que “te dejará jadeando y atemorizado” (Sam Shepard). “No hay manera de solatar el libro. Es duro, duro e impactante.” El país

Si tuviera que definir esta novela con una palabra, esta sería: intento. La historia es intensa, los personajes son intentos, la narración es intenta… bueno, creo que me siguen en la idea. En algunos sitios la califican incluso como un puñetazo al estómago, sin embargo mi concepción es un tanto menos visceral, pues considero que la violencia, aparentemente gratuita, no lo es tanto, y que por ella tanto el lector como los personajes pagarán un precio muy alto. 

Lewelyn Moss se encontraba en medio del desierto cuando se topó con un escenario poco cotidiano: una verdadera matanza con cadaveres y autos destrozados. En medio de todo eso, un maletín. Quizá no estaba “al medio”, quizá estaba escondido, quizá muy escondido; sin embargo desde el momento en que Moss se percata de su existencia constituirá el único centro de su realidad. Comenzará aquí una frenética carrera por la vida, por todo lo que pudo ser y no fue, y por todo lo que espera aún llegar a ser. Paralelamente nos encontramos con los responsables de esta matanza, y con el hombre que ha sido contratado para exterminar al que consiguió el dinero, Antón Chigurth, un despiadado y transtornado psicópata que, más por matar por trabajo, lo hace por vocación. Su ideal: no dejar testigos. Armado con una pistola de aire comprimido desata el caos allá por donde camina. Además conoceremos a un ex agente vinculado con los narcotraficantes y a un sheriff atormentado por su pasado, quien intentará darle caza al asesino. 

En un fresco de la realidad que se sufría en la frontera (si no se sigue sufriendo) McCarthy imprime un ritmo violento a la narración, a medida que crea personajes perfilados y precisos. La novela, además toca muchos temas sensibles que identificarán a unas cuantas personas.

Violencia, sangre y drama.

Ya les adelantaba que esta historia es intensa, y para ilustrar un poco más este punto les hablaré de la estructura del relato. La novela alterna capítulos enfocados a distintos personajes, sin embargo no es una novela coral; sino más bien enfoca en cada parte a la perspectiva de un determinado personaje. Sumamente interesante resulta conocer la mecánica mente del asesino, incluso resulta perturbador, pues conocemos lo poco que le importa a él la vida humana. 

McCarthy tiene un estilo muy propio a la hora de narrar. Algunas veces usa frases cortas; otras, frases cuidadas y largas, delicadas; también recrea diálogos cortos; todo lo entremezcla con escenas de acción, con una profundidad inquietante. Precisamente ese es uno de los puntos que más me gustan de la novela: lo McCarthy que es. Siempre es un mérito cuando los escritores, por una prosa impecable, logran hacerse un lugar en la literatura internacional, sin embargo cuando lo hacen con una forma propia, imponiendo un estilo narrativo nuevo, llama más a la reflexión sobre su poder narrativo. Es exactamente lo que ocurre aquí, pues el escritor con su prosa imprime nuevos caracteres a la historia.  

Si en La Carretera el sombrío ambiente del postapocalíptico Estados Unidos hacia temblar al lector, aquí lo que más resalta es la frialdad del narrador ante los acontecimientos. Las escenas de violencia dejan al lector sin aliento, y se suceden de forma tan trepidante, tan fuerte, tan repentina, que lo mínimo que podemos hacer es pegarnos en el relato. 

Personajes poderosos.

Me gustan los personajes porque son tan diferentes, tan únicos y a la vez cercanos, que incluso da miedo sentirse identificado son uno de ellos. Por ejemplo tenemos al tenaz Moss, quien llegará hasta las últimas consecuencias con tal de quedarse con el dinero, escapar de la pobreza y cumplir sus sueños postergados. ¿Hemos sentido alguna vez los deseos de hacer algo que nos cuesta, pero que sabemos se sentirá grato al realizar? Más de alguna vez hemos caído; pero, como dice la canción de LODVG, caerse está permitido, levantarse es una obligación. Es esa la sensación que produce este libro. 

Por otro lado tenemos a Antón, el psicópata. Vale, probablemente nadie se siente identificado con este metódico asesino sin alma, no obstante es muy interesante reflexionar sobre su actitud. 

¿Logrará acabar con todos con tal de sentir la gracia de disparar el gatillo de su arma? La respuesta puede llegar a ser inquietante.


Un final redondo.

Me faltaba un tercio del libro para terminar, pero no pude soltarlo aquella noche. De pronto ocurre algo, algo repentino y que atrapa al lector. ¡Cómo puede pasar eso! El lector se replantea la novela, el desarrollo de los acontecimientos y a los personajes mismos. Luego todo se comprende, se descubre el secreto del ex sherif y las piezas calzan. Sin embargo el giro argumental no deja de sorprender, y está tan bien maquetado y estructurado que será un deleite para el lector. 

Conclusión.

No es país para viejos es una novela tensa, que impacta, y que invita a reflexionar al lector sobre la vida, las cosas que hemos hecho y las que no; sobre cómo nos proyectamos en este mundo tan crudo, tan pérfido e insensible. Con la prosa fuerte de McCarthy, esta historia se desarrolla de forma memorable. Totalmente recomendable para todos. 

4.5 / 5




La carretera, de Cormac McCarthy

La Carretera fue una de mis compras en la Feria Internacional del Libro de Santiago. La intenté leer una vez, llegando hasta la página 50, aproximadamente. Ahora la volví a tomar, y la devoré con voracidad. Me han dicho que la adaptación cinematográfica basada en la novela del gran Cormac McCarthy está muy bien, y no desilusiona. Espero verla pronto, porque el libro me ha encantado.
La novela fue ganadora en el año 2007 del premio Pulitzer, y se consideró best seller del año en Estados Unidos. Cormac McCarthy es un autor de culto en su país, y me he dado cuenta de por qué ostenta ese título…

La novela transcurre en la inmensidad de un territorio norteamericano destruido por lo que parece haber sido un holocausto nuclear. La ceniza aún fresca pulula por los aires y los incendios forestales se suceden en miles de sectores. Luego del abandono de su mujer, un hombre decide embarcarse en una travesía con su hijo a través de un páramo infinito, la carretera. Eterna y cruel, la carretera se extiende ante ellos, en dirección al sur, a la costa, a un lugar con esperanzas.
Nunca nos enteramos del nombre del hombre, tampoco del nombre del niño. Son dos personas que simbolizan los últimos bastiones de la humanidad. Son entes sin identidad, despojados de su humanidad y lanzados a una vida de penurias en donde el único objetivo es sobrevivir, un día a la vez.
Empujan un carrito de supermercado en donde guardan las escasas pertenencias que aún poseen, atraviesan un terreno sombrío, desesperanzador y cruel. Los caníbales los acechan en cada lugar, y el deber del hombre es proteger a su pequeño, a toda costa. El hombre recordará en flashbacks momentos de un infancia lejana, momentos en los cuales el mundo aún era normal.
No sabemos por qué se produjo el escenario. Ni cuándo ni dónde comenzó. La novela narra con una prosa fuerte y pulcra las vivencias de un padre que deja todo por proteger a su hijo.
Sinceramente, es el libro más desesperanzador y triste que he leído en mi vida. Las frases lacónicas en los finales de capítulo dejan al lector helado, y los diálogos fríos entre el padre y su hijo hacen que uno medite ciertas cosas. No obstante la ternura también está presente, aunque esto le da más desesperanza al relato. Es imposible no emocionarse con aquel inocente muchacho, que desea el bien para todos. El niño, nacido en la era post apocalíptica, no sabe nada del mundo anterior, y su padre no escatima en recuerdos.
El libro muestra las cosas que transitan a través de la vida de estas dos personas, dañadas por las circunstancias. El hombre solo quiere que su hijo viva, y no le importa morir o matar con tal de conseguir su meta. Hasta aquí los datos de la trama, ahora algo más centrado en la prosa del gran McCarthy.
¡Vaya descripciones tiene la novela! La fuerza narrativa del hombre, mezclado con su vocabulario despiadado y sombrío, hace que el lector se aturda en algunos momentos. ¿Cómo puede haber tanta tristeza en esas páginas? Las reflexiones que presenta en la novela sobre la naturaleza humana y su relación con los impulsos básicos de supervivencia dan para pensar. ¿Cómo actuaríamos nosotros ante un apocalipsis de esa magnitud?
Uno de los párrafos más conmovedores del libro…
La novela no tiene capítulos, y se divide en párrafos nada más. Lo que me llamó la atención es la ausencia de guiones de dialogo, aunque eso no tiene mucha importancia. Las frases gélidas con las cuales acaba los capítulos me dejaron muy impresionado. Como les mencionaba recién, Cormac reflexiona en algunas pasajes sobre la naturaleza humana, e incluye algunas frases interesante en los finales de párrafo.
Los diálogos son el otro punto fuerte. Duros, directos, sin rodeos. La frialdad tierna del niño y el ímpetu sobreviviente del padre hacen que uno sienta mucho cariño por esa pareja. Hay momentos terriblemente conmovedores, lo advierto.
El estilo del autor es bastante peculiar. Muy cinematográfico, a mi parecer, pero a la vez prolífico y atrapantes. No es la típica novela en la que uno dice: fue escrita para ser película. No, nada que ver. El estilo que ocupa él aquí es así, porque así lo requieren las circunstancias. La indiferencia en relación a los sentimientos de los personajes (y los del lector) que tiene Cormac MacCarthy no admite grandes divagaciones sobre los pensamientos de las personas del relato. Cuando narra los sentimientos oscuros del padre, lo hace a través de acciones cotidianas. La fijación con los detalles es genial.
Como les dije, no sabemos nada de los protagonistas. No sabemos nada del lugar en donde transcurre la “acción”, ni tampoco tenemos detalles sobre el pasado de ellos. Los flashbacks son lo único que tenemos. Pero no se necesita de nada más para disfrutar este libro.
El final, eso sí, no me gustó mucho. Si bien no es malo, siento que pierde la esencia desesperanzadora y oscura del relato. Probablemente uno de los mensajes puede ser que siempre hay esperanza, tipo la esperanza es lo último que se pierde, sin embargo me habría gustado algo más relacionado con el arma con una sola bala que tenía el padre. Las páginas finales son terriblemente tristes, y la indiferencia del autor hacia el niño aumenta más la tensión en el lector.
En fin, he disfrutado muchísimo de esta novela. Un drama perfecto, con elementos post apocalípticos y escenarios magistralmente descritos. Recomiendo a todos esta gran novela, de este gran autor. ¿Ustedes la han leído? ¿Qué les pareció?

Indudablemente este es un best seller de calidad literaria notable. Una obra magistral escrita por un autor de culto que, gracias a su estilo, ha vendido miles de ejemplares. Tengo ganas de leer las demás novelas del autor. Me enteré de que tenía una trilogía, de mucho éxito en Estados Unidos. La popular historia No es país para viejos también es de este autor, y espero conseguirla pronto.