Nadie lo ha visto, de Mari Jungstedt

Cuando encontré en internet la noticia que hablaba de la visita de la escritora a Palma de Mallorca llamé inmediatamente a mi familia en España para pedirles un favor. Con un poco de imaginación y análisis comprenderán cuál era el favor: conseguir la firma de la escritora. Son pocas las novelas dedicadas que tengo en mi biblioteca: dos de Isabel Allende, una de Eva García Sáenz y este que les comentaré hoy. El lector obsesivo y coleccionista que llevo dentro (no, no es un guiño a “la diosa” de Ana) salta en un pie cada vez que consigue una edición rara, o una dedicación de un escritor. Nadie lo ha visto, claramente, no fue la excepención. No es un misterio que me gusta la novela negra, o la policial. Los escritores suecos, muy de moda desde el fenómeno Larsson, me cautivaron desde que leí Millenium por primera vez y me encandilé con Lisbeth Salander desde que conocí en profundidad a su personaje. Luego vino Asa Larsson, Camilla Lackberg y ahora Mari Jungstedt, de quien mencionaremos su primera novela negra a continuación.
La temporada turística empieza en la aparentemente tranquila isla sueca de Gotland. Como cada año, Helena, que ahora reside en Estocolmo, vuelve a la isla en la que pasó los primeros años de su vida y celebra una fiesta con sus amigos de la infancia. Pero Helena bebe más de la cuenta y acaba bailando con su amigo Kristian y provocando los celos de su marido Per. Cuando ya no puede soportarlo más, Per reacciona de forma violenta y pone punto y final al buen ambiente que se respiraba. Al día siguiente, Helena está paseando por la playa reflexionando sobre lo ocurrido cuando es salvajemente atacada. Cuando se encuentra su cuerpo, cruelmente asesinado, su marido es inmediatamente inculpado. Pero unos días más tarde aparece muerta Frida, una compañera de colegio de Helena, que ha sido asesinada en las mismas circunstancias. La psicosis se apodera del pueblo y el inspector Anders Knutas debe acelerar las investigaciones antes de que el asesino golpee de nuevo. Para ello cuenta con la colaboración, no siempre deseada, del inquieto periodista Johan…

Una novela negra de calidad plana alta, sintetizando desde el principio. Como en casi todas las historias de este tipo, un asesino despiadado ataca, dejando un remanente de cadáveres a su pasar; un detective de aparente retiro decide tomar el caso; muchos sospechosos que calzan con la descripción del asesino, todos sin una coartada decente y todos con algún motivo o móvil; giros de trama sorpresivos y un final interesante, usualmente inesperado. Esa es, a grandes rasgos, la fórmula empleada en libros así. Mari Jungstedt no utiliza otra táctica, sin embargo tensa aún más la historia metiéndose de forma destacable en la perturbada mente del asesino, y en su desarrollo hasta convertirse en lo que es.
La historia se enmarca en la idílica isla de Gotland, un paraíso veraniego que desentona en la gélida Suecia. Al comienzo de la novela nos encontramos con un mapa de la isla para que el lector no se pierda en la narración de los acontecimientos. Se nota que Jungstedt vivió largo tiempo en aquel maravillosos lugar; al igual que Camilla Lackberg y su pesquera Fjallbacka, Mari Jungstedt sabe plasmar a la perfección tanto la ambientación física como la atmósfera psicológica del lugar. Con una narración simple y amena, la escritora describe a la perfección cada recoveco de la isla. Y es que, finalmente, toda la trama se ambienta en ese lugar, salvo un pequeño segmento narrado en Estocolmo. El ambiente hogareño y pueblerino se respira desde la caleta hasta la cumbre más alta de Gotland. Prácticamente, todos los habitantes se conocen de alguna manera, por lo cual un asesinato (o peor, un asesino en serie) es capaz de causar una verdadera psicosis colectiva. Los pequeños servicios de comisaría pueden verse sobrepasados fácilmente pues, en general, lo peor que investigan es un robo a mano armada. 
Aquí entra en escena el comisario Anders Knutas, un tenaz y decidido hombre que llegará hasta las últimas consecuencias para dar a conocer la identidad del, a su parecer, peligroso asesino en serie. Además contará con la desagradable, en ocasiones, ayuda del periodista Johan, quien se verá envuelto de forma más personal en la historia. Comenzará a tener una relación con una de las presuntas “sospechosas-víctimas”, mezclando su trabajo con su vida personal, algo que en el fondo no desea hacer.

Creo que es bastante plana la historia en sí. Los puntos fuertes del libro, si tuviera que enumerarlos de forma ordenada, serían (1) la descripción psicológica y física de Gotland e (2) investigación del caso. Desde el punto de vista de la descripción de Gotland, como les dije al principio, se nota que la escritora residió en esa ciudad por largo tiempo. A través de la novela nos percatamos del acontecer interior de los protagonistas ante la perspectiva de que uno de sus vecinos de toda la vida sea un asesino. El lector se situará a la perfección dentro de la isla. Un par de veces durante la lectura de este libro cerré los ojos intentando imaginar cómo sería esta isla, y es que daba un morbo enorme saber que, pese a ser un paraíso terrenal, se estaba desarrollando una trama carnicera.

Gotland, Suecia. 

El misterio se va desarrollando con un ritmo ágil. La investigación se desarrolla de forma muy interesante, con un cuerpo policial muy acorde a la realidad de las islas pequeñas. Sin excederse en explicar el mecanismo de funcionamiento de los comisarios, Mari Jungstedt gana puntos al meter esta “explicación” en el directo actuar del protagonista. Sucede lo que comenté en una ocasión: se termina aprendiendo algo sin saberlo.

Los personajes están geniales, sin embargo poco explotados. El comisario Knutas podría haberse desarrollado más como personaje, sin enfocarse en la trama solamente. Lo mismo ocurre con el periodista, quien nos muestra cómo puede afectarle a una persona su profesión. Me llamó la atención cuando él contaba que su carácter se había tornado más frío ante la cantidad de noticias escabrosas que cubría para sus reportajes. Claro, no se puede quebrar en medio de la transmisión de la noticia de, digamos, un asesinato, sin embargo en su vida personal también se comportaba de la misma manera.  Otro episodio en referencia a él se da cuando su interior “se libera”. Llora por largo tiempo desahogándose por todo, detonado por un asesinato mediático, si mal no recuerdo. En general los otros personajes también son interesantes, sin embargo les falta algo de la cotidianidad que tanto se aprecia a veces, como los queridos personajes de Camilla Lackberg.

Solo tengo una queja respecto al libro, referida al final. Rápido, probablemente muy apresurado, casi trunco. El misterio se resuelve casi por completo, pero no se dice nada sobre las consecuencias ocurridas después del esclarecimiento. De repente se corta la novela, el lector queda en ascuas. Sí, estaba tranquilo porque ya sabía quién era el asesino (sorpresivo, al menos para mí) pero el fin llega de forma muy repentina. Sinceramente, pienso que eso le resta algunos puntos.

No es mucho más lo que se puede comentar sobre este libro, salvo lo siguiente: pese a ser una novela normal, se termina con un agradable sabor en la boca, con ganas de seguir con la serie, porque estoy seguro de que Mari Jungstedt tiene aún talento de sobra para explorar y deleitar al lector. La siguiente novela, según me han comentado, es muchísimo mejor, espero que así sea. ¿Recomiendo Nadie lo ha visto? Sí, recomiendo este libro. Es liviano y engancha muchísimo. Se lee de forma trepidante y se le coge cariño a los personajes. Me interesó bastante saber cómo termina el romance entre el periodista y la “víctima”. A ver si la escritora usa de mejor forma esos recursos en la próxima entrega de la saga.

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